23/9/12

1. Empieza un viaje

Nao se escabulló entre los arbustos mientras los hombres pasaban. No hizo ningún ruido, y sus ojos plateados siguieron a los tipos hasta que la espesura se los tragó. Salió y continuó su rumbo. Un enorme lobo negro trotó tras él. Le dio un empujoncito con el hocico en el brazo para llamar su atención, y miró hacia las copas de los árboles que cubrían el cielo. Nao hizo lo mismo, entreviendo que los soles ya caían. Con un suspiro cansado, se dispuso a buscar un buen sitio donde pasar la noche.
Madrugaron. Después de cazar el desayuno y la comida de ese día, se pusieron en marcha. Lid, la loba negra, iba delante, dando brincos, tratando de cazar los insectos que se ponían en su camino. El puerto quedaba a varios días de camino y él no tenía tiempo que perder.
A medio día pararon a descansar junto a un riachuelo. Mientras tenía la cabeza bajo el agua para refrescarse, alguien más llegó sin que él se diera cuenta. De repente, sintió que le daban un empujón y caía al agua.
Se volvió molesto, pensando que había sido Lid, cuando vio a un tipo de su edad, con el pelo verde oscuro y los ojos del color de los árboles cuando llovía.
Nao frunció el ceño y enseñó los dientes.
-       Axel...- gruñó.
-       Buenas, Nao. - respondió el otro, sonriendo alegremente, como si fuera lo más normal.
-       ¿Qué demonios haces aquí, maldito pelo planta?
Axel sonrió un poco más y se acercó a él, estirando una mano. El joven peli-plata miró su mano, desconfiado, con las cejas formando una "V". Al final estiró la mano para aceptar la del otro, pero antes de que se terminara de levantar o tener equilibrio, el peli-verde le soltó, y Nao cayó, esta vez de culo.
Miró con odio a Axel, mientras este reía y se disculpaba. Se levantó solo.
Se sentó en la orilla, lo más alejado posible de él, para mostrarle su descontento.
Lid saltó al agua, corriendo detrás de una enorme serpiente con verdes crines y escamas color esmeralda.
Ambos jóvenes observaron a los animales mientras jugaban y se retorcían.
-       Como tu perro se coma a mi serpiente, te arrancaré la piel a tiras. - era una sutil amenaza, que ambos sabían que nunca ocurriría.
-       ¿Qué haces tan lejos de casa, bicho raro?
-       ¿Y tú, bestia parda? - Levantó la vista del suelo. Las nubes pasaban perezosamente sobre su cabeza, y los soles brillaban con fuerza sobre ellos. Finalmente contestó- Desde hacía unos meses sentía que el Viejo me ponía demasiados límites. Está tratando de ocultarme algo, y quiero saber qué es. Lo que no entiendo es que hace el niñito de la vieja tan lejos de su zona segura.
-       Algo peligroso lleva semanas buscándome. Ha conseguido ponerme en apuros un par de veces. No era seguro quedarse allí, así que he decidido mantenerme en movimiento.
Nao había encendido un fuego antes de beber agua, y ensartado un glotón en un palo. Le ofreció un muslo a Axel, quién aceptó a regañadientes.
Comieron en silencio, y cuando terminaron, recogieron, y buscaron el camino que los llevara al puerto.
-       ¿Qué demonios haces siguiéndome? - gruñó el peli-plata.
-       No te sigo, solo tengo el mismo destino que tú, y por aquí es más rápido.
Nao le miró, mosqueado, con una mueca de desagrado en los labios. Axel estaba acostumbrado a su mal humor, hacía años que le conocía y le encantaba hacerle de rabiar.
Lid y la serpiente jugaban por detrás. Aunque esta última más bien parecía tener intenciones de atacar a la loba que saltaba sobre ella y la lanzaba por los aires.
Axel se volvió, observó la escena.
-       Haz que esa maldita loba deje en paz a Elett – dijo -. O se va a llevar un buen mordisco.
Nao giró levemente la cabeza. Axel esperó escuchar alguna clase de gruñido o algo que dijera el peliplata, pero no fue así. Lid les adelantó para volver al lado de Nao con la lengua fuera.
-       ¿Dónde vas? - preguntó Axel después de un rato caminando.
-       No te importa. - refunfuñó, sin mirarle.
-       Yo creo que voy a subir - respondió Axel, tratando de diferenciar la oscura sombra del Continente de Fuego que flotaba sobre ellos.
Nao siguió la dirección de su mirada, pensativo.
-       ¿Para qué quieres subir? - preguntó, cohibido.
-       ¿Te impone conocer mundo? - se burló Axel, con una sonrisa.

-       Nunca he salido de estos bosques... ¿Cómo quieres que deseé salir del Continente?