24/3/13

2. El barco que se pierde en la distancia

Aeryn estaba agotada. Hacía unas semanas que se había ido de casa, como caza-recompensas oficial. Y cómo era la heredera de la familia, su padre no se lo había puesto fácil. Había salido detrás de una presa gorda. Ésta trabajaba, por lo que sabía, para una organización que había estado llevando a cabo asesinatos de Sacerdotes y Guardianes de Templos.

Estaba en una ciudadela situada junto a uno de los Grandes Bordes del continente Fuego. Barcos anticuados de gas y vela estaban amarrados a los muelles, desde donde ella había visto, horas atrás, como el suyo desaparecía hacia la corriente central del Borde.
Cuando Heilen había bajado en picado de una torre para ponerla en marcha, lo había hecho a duras penas.

Sabía que debía buscar un lugar donde pasar la noche cuanto antes, porque se estaba oscureciendo, y las calles de una ciudad como aquella no eran seguras ni para un cazador experimentado, pero se sentía bastante inútil por no haber hecho las cosas mejor. Entonces Heilen volvió a ponerla en pie, a base de picotazos y tirones de pelo.
La única "posada" que todavía estaba abierta tenía mala pinta. Estaba en una calle oscura, tenía todas las luces encendidas y había mucho alboroto en el interior. Cuando llamó, un hombre enorme y musculoso la recibió. La miró desde la puerta de mala manera, a pesar de que era un cliente.

-       ¿Qué quieres? - preguntó con malos modales. Estaba fumando un puro y, al hablar tiró la ceniza junto a ella.

Pero Aeryn no se iba a dejar intimidar con tanta facilidad. Había tenido un día horrible y un grandullón no se lo iba a empeorar. Sonrío lo mejor que pudo.

-       Quisiera una habitación para pasar la noche. Que no sea muy cara, por favor.

El hombre la miró como si estuviera loca.

-       Niña, ¿sabes dónde te estás metiendo? - Aeryn se quedó callada, sin dejar de mirarle. El tipo suspiró -. Tú sabrás. Una habitación son 20 galones de plata.
Ella se quedó boquiabierta.

-       ¡Pero eso es mucho para una sola noche! - se quejó.
-       Es un precio especial, guapa.

Aeryn miró resentida al hombre y le pagó.

Pidió que le llevaran la cena a su habitación. El hombre aceptó. Aeryn supuso que era lo menos que podía hacer, después del precio tan alto del alquiler.

Agotada por el mal día que había tenido, esperó su cena, impaciente. Heilen, a falta de tener una percha donde posarse, aprovechó el cabecero de la cama.
Tras un largo tiempo de espera, Aeryn se había hartado de escuchar los gruñidos de su estómago. Se levantó y abrió la puerta, dispuesta a exigir su cena, que aún no había llegado. A sus oídos llegó el ajetreo de la posada, en el piso inferior. También desde las habitaciones contiguas a la suya, extraños e incesantes jadeos llamaron a su innata curiosidad. Se decidió a tomar su cena antes de ponerse a investigar. Estaba dentro de su naturaleza, el querer averiguar todo lo que ocurría a su alrededor.
Cuando pudo finalizar su poco sustanciosa y correosa cena, alguien llamó a su puerta. Molesta, pero sin mostrarlo abrió, sin preocuparse de que estaba a medio cambiar. Levantó una ceja al encontrarse con un chico más joven que ella, achantado en la puerta, esperando su permiso para pasar.
- ¿Que haces aquí? - preguntó, malhumorada. El chico se tensó ante sus palabras. Tras un segundo vistazo, Aeryn se fijó en el ojo morado e inflamado y su labio partido y aún sangrante. Tragó saliva ante aquella imagen, y permitió que entrara a la habitación, se metió en el baño, aquello también era parte de ella, el querer ayudar cuando veía a alguien pasando un mal rato.
Cuando volvió a la habitación, el chico estaba en la cama, desnudo, esperando.
Ella pegó un pequeño brinco al ver la escena.
-       ¿Qué estás haciendo? - indecisa, cerró la puerta al terminar de entrar. Lentamente, se acercó a la cama y se sentó lo suficientemente lejos de él, procurando mirarle directamente a los ojos. Suavemente, apoyó la mano en la suya. Él se encogió ante el contacto, apartando la mirada y malentendiendo el gesto. Lentamente se acercó a ella, evitando contacto visual, y acercó los labios a los suyos.

En la oscuridad

Al verle, me quedo plantado justo en la salida del colegio. Mal sitio. Recibo empujones y malos modales por parte de la gente que me rodea. Alguien me da un empujón y yo acabo cayendo al suelo. Nadie se para a mirarme y algunos me llegan a pisar intencionadamente. De repente la marea de gente se apartó de mi y vi como Erik se acercaba, dando codazos a diestro y siniestro a cualquiera que me hubiera pisado, queriendo o sin querer.
Cuando me tomó de la mano para ayudarme a levantarme, yo fui incapaz de no bajar la mirada. De mirarle a los ojos. Sentí como se me subían los colores, y solté la mano violentamente. No vi la cara de Erik en ese momento, no quería, por vergüenza y miedo. "Debe de pensar que soy un irresponsable..."