9/7/13

3. Skeith

Skeith
De un empujón aparto al muchacho que había tratado de besarla.
-       ¡¿Qué crees que estás haciendo?! - exclamó, levantándose de la cama y tratando de averiguar donde había dejado el cinturón con sus armas. 
Cuando se giró se encontró al chico encogido en la cama, cubriéndose la cabeza con los brazos y con las piernas contra el pecho. Creyó escuchar un leve sollozo, así que se acercó al chico con paso lento. 
Suavemente apoyó la mano en su hombro, sorprendiéndose cuando él se volvió asustado. Empezaba a comprender en qué clase de motel se había metido. 
-       Hola... - susurró amablemente, tratando de conseguir que el joven se relajara. Los lagrimones y su expresión asustada sacaron de nuevo a flote su naturaleza compasiva. - ¿Cómo te llamas?
El joven trató de relajarse y continuar con su trabajo. Al fin y al cabo, las mujeres daban menos miedo que los hombres... Bueno, al menos aquella no era tan aterradora, tampoco parecía una sádica que se dedicaría a golpearle durante toda la noche para descargar sus frustraciones. Le miraba con una sonrisa amable dibujada en los labios. No parecía el tipo de persona que frecuentaba burdeles.
Cogiendo aire, se cuadró en la cama, dispuesto a terminar y poder volverse al escobero que tenía como cuarto. Su padre se lo había prometido, un cliente esa noche y podía descansar.
Aeryn esperó con una sonrisa a que el chico contestara a su pregunta, pero lo único que hacía era mirarla fijamente sin responder. Empezó a ponerse seria cuando él se incorporó de nuevo y trató de atraerla tirando de sus hombros. 
Volvió a poner resistencia, consiguiendo soltarse y sujetar las manos del otro entre las suyas. Procuró mantener la calma esta vez, mirando seriamente al chico.
-       Oye... creo que te equivocas de situación. Yo no he pedido este tipo de servicio, ¿sabes? Sólo quiero pasar la noche y poder irme mañana en el primer barco que zarpe a Tierra... - trató de explicar, pero el otro parecía no entender. 
En aquel mundo la barrera del idioma no existía. Según la leyenda, los Grandes Espíritus habían acordado que a pesar de las múltiples especies, tribus y poblaciones, todos los seres de Sekai hablarían el mismo idioma. 
Si él no podía entenderla, era porque estaba sordo o tenía alguna clase de retraso. 
Le dejó en la cama y empezó a dar vueltas por la habitación, con un brazo cruzado en el pecho y la mano contraria sujetándole la barbilla. El joven la seguía con la mirada por la habitación, confuso. Nunca nadie se había negado a sus servicios. De repente, un temblor le recorrió. ¿Qué le haría su padre si no terminaba su trabajo? Ni siquiera había tenido opción a empezar y como él se enterase, probablemente se acostaría con una paliza. O peor, en una de aquellas orgías que a su padre le encantaba organizar para castigar a mujeres y hombres que tenía bajo su "cuidado".
Aeryn paró en seco y se volvió hacia él, mirándolo fijamente. Ahora que se fijaba, se dio cuenta de que el chico sentado en su cama, con mirada asustadiza, no era más que un niño, su edad quizá rozase los dieciséis años. 
-       ¿Cómo te llamas? – repitió la pregunta, arrodillada frente a él. No tenía muchas esperanzas, ya que todavía no había escuchado ninguna palabra salir de sus labios. Pero esta vez hubo algo diferente.

-       Skeith...- susurró el niño -. Mi nombre es Skeith...