29/3/17

10. De caza

El hombre-lobo gruñía como un diablo enfurecido después de escuchar aquello.
Skeith retrocedió asustado, mirando los tremendos colmillos blancos que nacían de las encías rosas. Estaba seguro que no eran tan grandes hacía dos segundos. La garganta le vibraba por la fuerza del gruñido. Axel se interpuso entre él y ellos, haciendo de pantalla, medio abrazando el pecho del licántropo.
Aeryn había sacado un par de pistolas, sostenía cada una en una mano y una daga con hoja de plata colgaba de su diestra. Apuntaba a la cabeza de ambos.
- Mas te vale controlar a esa... esa cosa, si no quieres que lo haga yo - susurró.
- A ti te convendría cerrar la boca y dejar de tentar a tu suerte - siseó Axel, haciendo fuerza. Nao agarraba y tiraba de la espalda de su camiseta, como si así pudiera mantener el control. - Es muy mal día para hacer enfurecer a un hombre-lobo, quedan horas para el plenilunio y su influencia se nota desde ayer.
Aeryn también parecía al límite.
- Estas arriesgándote a que no te preste mi ayuda, Axel. - las manos no le temblaban ni un ápice. Si disparaba, no se arrepentiría.
Axel siseó cuando Nao embistió, tratando de liberarse, provocando que sus cuerpos se sacudieran, a duras penas se mantuvo inamovible en su sitio, sin cambiar su postura y manteniendo el agarre sobre su amigo. Nao no dejaba de gruñir, y la actitud de la mujer sólo empeoraba la situación. Harto de todo aquello y con unas tremendas ganas de golpear a alguien, encaró al licántropo, agarrando su camiseta. Una vez lo tuvo bien sujeto, pateó su pierna dominante, tirándolo al suelo e inmovilizándolo con una llave. 
Una vez resueltas sus ganas, se giró bruscamente hacia Aeryn, con una expresión que no admitía réplica en los ojos y dijo:
- Esto es lo que haremos. Te ayudaremos en lo que haga falta sobre el tema del tío de anoche mientras viajemos juntos. No sé cuánto puede costar pasar de un Continente a otro. Y menos si tenemos la luna en nuestra contra. Si esta noche surge algún contratiempo durante el plenilunio, tendremos que viajar a cualquier otro puerto para poder largarnos - al decir aquello, volvió a mirar a Nao, advirtiéndole con una mirada -. Y esta noche no habrá problemas porque vas a quedarte dormido, ¿verdad?
El hombre-lobo gruñó como respuesta y en el momento en que Axel se quitó de encima suyo, se apresuró a ponerse de pie y darles la espalda a todos. Paseó como un animal encerrado por el borde del campamento, bufando y gruñendo cada vez más fuerte.
Aeryn aún no había bajado las armas, ni perdido su postura de combate. Seguía tensa cuando Nao la dirigió una mirada amenazadora desde la otra punta. Era increíble lo mucho que parecía un lobo en ese momento, sus ojos resaltaban bajo las sombras de los árboles, una mirada aún más salvaje y peligrosa que la de sus congéneres encerrados en jaulas en el resto de los Continentes.
Axel se acercó a su katana, que tenía el mango apoyado en su macuto, como advertencia.
- Bien, hay que prepararse para la fiesta. Tú, ¿sabes cazar? - cambió de tema de forma radical, señalando a Aeryn con la cabeza. Su idea era llevarse a la joven de allí y poder tener una conversación tranquilamente con ella, sin hombres-lobo o pequeñas e inocentes doncellas presentes.
- Claro que sé cazar. Fugitivos. Desde los trece años. - replicó indignada, como si la hubiera insultado.
- Yo me refiero a animales. Para comer. - Axel hizo un gesto con la mano, como si se llevara algo a la boca.
Ella se quedó en silencio un momento.
- ¿Hay que despiezar lo que cacemos? - Axel la miró como si la respuesta fuese obvia. Ella tragó saliva para afirmar. - Sé cazar. Pero no pienso desollar ningún animal.
Axel aceptó con un asentimiento de cabeza y con un gesto de la mano, la instó a seguirlo. Pero cuando Aeryn vio que iban a salir del campamento, y que Skeith y Nao iban a quedarse solos se detuvo en seco.
- ¿No viene él? - preguntó señalando al hombre-lobo. El de pelo verde se giró a mirarlo.
- No es conveniente estimular a un licántropo en la caza justo antes de la luna llena. No es absolutamente una buena idea. Y quiero que esta noche duerma, así que no, no viene. - tal y como lo dijo, no admitía réplica, por muy caza-recompensas que fueras. Aeryn bien podría haber sido la hija del rey del inframundo y la respuesta hubiera sido la misma.
Ante aquello, la joven se llevó una mano al cinturón y sacó uno de sus equipos de contención de hombres-lobo. El menos agresivo, para que Axel no pusiera pegas. Sólo una cadena de plata de alrededor de un metro y medio de largo, una esposa especialmente diseñada y una estaca de hierro que clavó rápidamente en el suelo cerca de Nao.
- Esto es solo por precaución. - trató de convencer a Axel. Para cuando se levantó, esposa en mano, y quiso acercarse al hombre-lobo, este se alejó de un salto, gruñendo levemente. Aeryn empezaba a hartarse de él y sus gruñidos.
Fue Axel quien acabó cerrando la esposa alrededor de la muñeca de Nao, suspirando, mientras el otro le miraba como si le estuvieran traicionado.
- Aguanta un poco - le susurró -. Será sólo unos días. En cuanto pisemos un barco podremos olvidarnos de ella.
- De ella y de Lid - replicó Nao
Axel le miró a los ojos.
- Lid seguirá con nosotros. Por mucho que ella la quiera.
Cuando los dos se internaron en la espesura, para conseguir su desayuno, Nao pensó que con tal de seguir con Lid, sería capaz de quedarse junto aquella chica prepotente por el resto de su vida. Aunque lo usara como guarda para un terreno. O como una máquina de hacer dinero mediante las peleas. Sin Lid, él no aguantaría.

9. La pregunta

Cuando Nao abrió los ojos finalmente, ya era medio día. Y lo primero que vio fue el rostro de Axel cubriendo la luz de los soles. Cuando se apartó de su campo de visión, le siguió con la mirada, todavía algo atontado por el despertar.
- ¿Cómo me habías dicho? - le escuchó farfullar -. ¡Ah si! "En dos horas estaré como nuevo" "En un par de horas, las heridas habrán cerrado" - dijo imitando su tono de voz. Le vio llenar un cuenco de arcilla con agua y acercarse de nuevo. - "En un par de horas empezaré a convulsionar porque la daga con la que me atacaron era demoníaca y envenenó mi sangre" Oh, sí. ¿Sabes dónde puedes meterte tu par de horas? 
Mientras Axel despotricaba, Nao se incorporó, levantando una ceja. Las heridas le dolían menos y sentía que había recuperado parte de su fuerza.
Cuando alzó la vista para buscar a Lid, estuvo a punto de tirar el agua. Al otro lado de la fogata había dos humanos observándole. Tenía vagos recuerdos de la mujer antes de caer inconsciente. Le metió un codazo a Axel tras dirigirles otra rápida mirada.
- Axel... ¡Axel! - llamó con urgencia - Hay dos humanos en el campamento.
El mencionado se incorporó, dejando lo que estaba haciendo para encararle y soltarle una colleja*.
- ¿¡No me digas!? - exclamó, levantando los brazos, dramático. - ¡No me había dado cuenta! ¡¿Cómo te has enterado?!
Nao refunfuñó, volviendo a mirar a los... invitados, con el ceño fruncido. La joven trataba de matarle con la mirada, sus ojos azules parecían dos bloques de hielo. De un glaciar. Dos bloques que se habían desprendido para aplastar todo lo que estuviera en su camino. Y en su camino estaba él. Se arrastró disimuladamente hacia atrás, queriendo alejarse de una situación absolutamente tensa e incómoda. No llegó muy lejos porque chocó contra las rodillas de Axel.
- ¿A dónde te crees que vas? - preguntó el pelo-verde, levantando la ceja. Empujó con las rodillas, devolviendo al hombre-lobo a su sitio y se sentó a su lado.
Axel se frotó las manos, tratando de encontrar las palabras adecuadas a la situación. Decidió empezar por Nao. Así que se giró hacia él y le llamó. Cuando este levantó la vista de sus uñas, donde había decidido refugiarse y lo miró, empezó.
- Nao, ella es Aeryn. Hija de los caza-tesoros y caza-recompensas mas famosos y ricos del Continente Aire - explicó -. El tipo que te atacó anoche es a quién está buscando. Está acusado de asesinato y su orden de busca y captura fue emitida hace algo más de seis meses.
Nao le miraba como si estuviera narrándole el cuento mas aburrido de la historia. Sus ojos parecían decir "¿Y a mí, qué?", así que decidió atajar con el tema delicado. Cogió aire antes de continuar. El "¿A mi qué?" de su amigo probablemente pasara a ser una serie de gruñidos indescifrables con lo siguiente que iba a decir. Cuando abrió la boca para hablar, fue interrumpido.
- No entiendo que tiene que ver todo esto con esta bestia - dijo Aeryn. El pelo-verde se quedó con la boca abierta.
- Viajamos con él. - respondió, tratando de sonar asertivo. Joder. De verdad, DE VERDAD, que necesitaban a aquella chica para poder continuar. La noche anterior estaban teniendo problemas porque no sabían como funcionaba la burocracia para que un humano abandonara del Continente,  menos sabían que era necesario para que lo hiciera un hombre-lobo. Pero si ella se negaba a dejar aquella actitud despectiva, todos sus planes habrían sido en vano. - No sé tú, pero cuando viajo con alguien, me gusta tener a esa persona informada.
Aeryn rió.
- Exacto. Persona. Eso - señaló a Nao - debería limitarse a seguir órdenes. Que para eso es un hombre-lobo, los animales deben obedecer a sus dueños.
Axel se mordió la lengua, aguantando las ganas de soltar todo lo que se apelotonaba en su boca. Como todos los humanos fueran así, a él también iban a ponerle una orden de busca y captura. Por genocidio. No se iba a limitar en hacer un trabajo a medias.
Suspiró, llevándose las manos a las sienes, tratando de tranquilizarse.
A todo eso, Nao había estado muy callado con todo aquello.
Miraba a la joven con resentimiento y odio, pero no parecía dispuesto a replicar.
Aeryn sonrió con suficiencia, interpretando aquella mirada como un punto a favor.
- Una vez aclarado esto, vayamos al punto. Yo puedo haceros abordar un barco pero, ¿qué puedes ofrecerme tu a mi, a cambio de mi ayuda?
Y ahí estaba, La Pregunta, con mayúsculas. Axel no tenía ni idea de qué otra cosa, aparte de la poca información que le había dado durante la noche, podía querer alguien como ella. Estaba empezando a replantearse su plan, sólo porque acabara aquel odio irracional hacia Nao.
-Yo te diré lo que quiero - atajó -. Quiero a ese lobo alado.

15/3/17

8. ¿Quién eres?

Nao no se inmutó cuando la joven se levantó de un salto gritando, ni cuando le dirigió una mirada de desprecio que podría haber sumido en la miseria a alguien menos experimentado.
A eso se refería exactamente con los humanos, despreciaban a cualquiera que no fuera como ellos, que no tuviera su sangre o su ansia destructiva. Desde el principio no había dicho nada, aunque no estaba de acuerdo en que ella le tratara las heridas, al fin y al cabo, más temprano que tarde, hubieran sanado solas. Pero Axel se había echo a un lado, y Nao confiaba en él. Aunque su amigo probablemente ni siquiera hubiera llegado a imaginar lo que se avecinaba. Ignorándole por completo, ella se giró hacia Axel, recriminándole con la mirada.
- ¡Es un hombre-lobo! - gritó - ¡Es un hombre-lobo y no me habías avisado!
Axel, quien había vuelto a desenvainar su katana, se había levantado en toda su estatura y se mostraba amenazador.
- Fuiste tú la que insistió en curarlo - no le hizo falta levantar la voz. 
Ella no se amilanó, pero levantó un dedo acusador.
- Eso es mentir. Me engañaste. Todos los hombre-lobo deben estar identificados. Podría encerrarte por esto. - La voz de la joven era venenosa y estaba cargada de desprecio. 
Axel, repentinamente más calmado, la observó durante largos segundos y Nao pudo apreciar que estaba tramando algo, conocía muy bien ese brillo sospechoso en sus ojos. 
Pero la joven no parecía dispuesta a colaborar, a pesar de la leve tregua que el de pelo verde estaba dispuesto a ofrecer. 
De uno de los abalorios que decoraban sus muñecas se había elevado una pequeña pantalla holográfica, y escribía rápidamente en un teclado oculto en la muñequera metálica. 
Algo interrumpió lo que hacía. El niño que la acompañaba gritó y saltó hacia ella a la vez que Lid y Ellet entraban a lo que había sido su campamento. 
Ambos sintieron que podían respirar tranquilos al ver a sus compañeras, ninguna parecía herida a simple vista. 
Lid se acercó lloriqueando al verlo tumbado, siendo incapaz de levantarse solo. 
Cuando le acarició el rostro con la nariz, acaricio su enorme y negro belfo, gimoteando suavemente para hacerle saber que estaba bien, a pesar del olor de la sangre que impregnaba sus narices. 
Axel hacía lo propio con Ellet, acariciaba sus crines y barbilla suavemente, susurrando. 
Nao se agarro de las orejas de Lid cuando ella apoyó la cabeza en su cuerpo, cuando estuvo sujeto, tiró de él para ponerlo en pie. No se apartó, hasta que pudo mantenerse en pie. Aunque sólo fuera eso y no tuviera fuerza para andar. Por lo menos no parecería un saco roto en el suelo. 
Ambos volvieron a prestar atención a su alrededor, cuando escucharon un sollozo y una retahíla de palabras incomprensibles que dijo la joven cuando vio al hombre-lobo en pie. 
Axel suspiró exasperado y se acercó a Nao para asegurar que se encontraba bien.
- En un par de horas las heridas habrán cerrado - le hizo saber, antes de que abriera la boca para preguntar. Él asintió levemente para acercarse a la joven.
- ¿Cuál es tu nombre? - preguntó bruscamente, cortando de lleno sus quejas sobre hacer llorar al chico con aquellas bestias salvajes. 
La joven frunció ligeramente el ceño al verse ignorada. Y estuvo tentada de no abrir la boca y largarse de allí. Pero necesitaba toda la información posible sobre el fugitivo, y quizá él supiese algo más que la ayudara a capturarlo. 
Al final respondió con un suspiro.
- Aeryn. Aeryn Altet. Vengo del Continente Viento, como agente caza-recompensas. Estaba rastreando al tipo que te ha atacado. 
Axel se guardó para sí que no era a él al quien quería, pero decidió seguirle el juego, la necesitaban para poder continuar. Sería más fácil y rápido.
-Yo soy Axel, de los territorios del este. Vengo de las selvas del Continente. - hizo una venia con la mano, para acompañar su presentación. - Me acompañan Nao, de las tierras del Norte, y nuestras compañeras, Ellet y Lid. 
Aeryn ignoró por completo la presentación de Nao, mientras se giraba hacia el joven que la acompañaba.
-Él es Skeith, empezamos a viajar juntos cuando nos cruzamos en el Continente Fuego, de donde proviene. - pareció darse cuenta de algo -. Skeith, ¿dónde está Heilen? Te dije que te quedaras con él. 
El llamado Skeith se encogió al oír la pregunta. 
- Yo no quería desobedecer, te lo prometo. - fue lo primero que dijo. Parecía desesperado porque ella le creyera -. Pero Heilen de repente salió volando. Lo seguí hasta aquí, no sé dónde puede estar ahora. Yo vine con él, te lo juro. Nunca habría desobedecido sin una buena razón. - para ese momento le temblaba la voz y parecía al borde del llanto de nuevo. 
Nao levantó una ceja al ver una reacción tan exagerada, supo que Axel volvía a perder la paciencia por el leve cambio de tensión en su cuerpo. Quiso decir algo para que su amigo volviera a relajarse, sabía que los lloricas como el joven acababan con sus nervios. 
- Skeith, no hace falta ponerse nervioso - por alguna razón, Nao había imaginado que Aeryn trataría al chico con tanta frialdad como a ellos, pero cuando habló, su voz salió suave y comprensiva -. Heilen está entrenado para actuar por su cuenta, probablemente esté haciendo eso ahora mismo. Puedo monitorear su posición. - le dijo para tranquilizarlo.
· · · · · ·

Axel bufó exasperado, las moñerías como aquella le atacaban los nervios. En el Continente Tierra lideraba la ley del más fuerte y, claramente, aquel chaval moriría rápidamente si le dejaban sólo. Quiso decir algo, pero Nao acabó en el suelo de la nada y con aquello se olvidó de todo. 

13/3/17

7. El hombre-lobo

Aeryn estaba congelada en su lugar. 
El herido le dedicaba miradas desconfiadas desde su posición, mientras el de pelo verde siseaba como una serpiente de cascabel a punto de atacar. Decidió tratar la situación con cuidado. Llevó las manos al cinturón para dejar que escurriera al suelo, junto a las armas visibles, y volvió a levantar las manos, tratando de parecer lo menos amenazante posible. 
No estaba muy segura de que ellos entendieran su idioma, ¿podían los nativos hablar, o se comunicaban gracias al lenguaje corporal? Entrecerró los ojos levemente, tratando de mantenerse tranquila.
· · · · · ·
Axel observó la quietud de la joven con desconfianza, siseando suave y bajo. Aunque la había visto tirar lo que parecían todas sus armas al suelo, junto a ese cinturón, sentía que no podía fiarse del todo. 
Sabía que los humanos menospreciaban a sus mujeres, pero él había tenía suficientes encuentros con hembras de otras especies para saber que, de sexo débil, tenían poco. 
Alternó su mirada entre la joven y su amigo herido; Nao había conseguido medio incorporarse, pero seguía ladeado en el suelo, incapaz de levantarse del todo. Aquello era preocupante, por mucha cuchillada que recibiera, le había visto en peores situaciones en pie. 
Devolvió la vista a la chica, no se había movido y parecía querer decir algo. 
- Puedo curar a tu amigo - articuló lentamente las palabras, como si hablara con alguien corto de entendederas. Aquello le sentó como una patada en los cojones, hablando en plata. 
- ¿Cómo sé que puedo confiar en ti? - preguntó, alargando levemente las vocales para imitar su tono. 
Ella pareció sorprendida por un momento. 
- Es un alivio que me entiendas, tengo algunas preguntas para...
- No me has contestado. - La cortó de lleno, sin preocuparse por sus modales, que generalmente solían ser perfectos. 
La joven volvió a quedarse callada durante unos instantes. Aquellos silencios empezaban a parecerle exasperantes y seguía teniendo a Nao retorciéndose de dolor tras él, así que su paciencia estaba llegando a su fin. 
- No tienes otra cosa más que mi palabra - Al fin respondió. 
Aquella no era la respuesta que quería, pero tampoco podía quejarse, había tratado de ser sincera. Ladeo levemente la cabeza, intentando averiguar cuáles eran sus verdaderas intenciones, pero nada en su lenguaje corporal o su mirada indicaba que fuera a atacar. Un mal presentimiento no dejaba de rondarle la cabeza, a pesar de que se hizo a un lado para dejar que se acercara a Nao.
· · · · · ·
Aeryn lentamente fue hacia ellos, recogiendo su cinturón, en el que guardaba la mayor parte de las medicinas, y con la mano se palpaba los botones del corsé que usaba. En ellos guardaba el resto de material. 
El joven de pelo verde no le quitaba la vista de encima, y ella se alegró de que las miradas no matasen, porque estaba segura que habría acabado tirada en el suelo en el mismo momento en que sus ojos hubieran entrado en contacto. Se sorprendió de que aquello le afectara, cuando normalmente lo que otros pensaran de ella le importaba menos que un truño en su camino. 
Cuando alcanzó al herido se arrodilló lentamente a su lado. 
Antes de que pudiera levantar la camiseta y ver las heridas, o fijarse en el rostro del joven, un ruido a su espalda hizo que ambos, Aeryn y el otro, se volvieran de inmediato de donde provenía. 
- ¡Skeith! - exclamó al verle -. Te dije que te mantuvieras escondido hasta que te fuera a buscar. 
Miró rápidamente al otro, quien había desenvainado una katana y apunta al chico si que le temblara el pulso. 
- Está conmigo - le dijo, tratando de calmarlo, aunque él no parecía muy dispuesto a obedecer, aunque tras un momento bajó el arma, como si hubiera identificado que Skeith no era una amenaza. 
En cuanto la espada rozó el suelo con la punta, volvió a prestar atención al herido. Esta vez pudo levantar la tela manchada de sangre y desgarrada por las puñaladas. Las heridas tenían el tamaño de la mitad de su dedo meñique y eran profundas, pulsó uno de los botones de su corsé y de este salieron un par de guantes de látex, del segundo botón sacó un par de botecitos monodosis de morfina y un par de jeringuilla, del último sacó hilo de sutura unido a su correspondiente aguja. 
Con mano hábil cargo la jeringa con el anestésico, pinchó la carne alrededor de la herida y mientras terminaba de preparar el hilo dejó que hiciera efecto. Tras unos segundos empezó a coser. 
Tuvo la herida cerrada en menos de cinco minutos. Se cambió los guantes y repitió toda la operación de nuevo en la otra herida. 
En algún momento Skeith se había arrimado a ella y agarraba débilmente la tela de su ropa, mientras que el de pelo verde había encendido un fuego y miraba atento a su amigo. 
De un movimiento lanzó todo al fuego. El Contienente Aire había desarrollado materiales fáciles de desechar. 
Por fin, se giró a ver el rostro de su paciente, pero en cuanto sus ojos se encontraron, Aeryn chilló indignada y se incorporó de golpe. 
Había tratado a un HOMBRE-LOBO

6/3/17

Un encuentro

El golpe nunca llegó, en cambio sí lo hizo el sonido de un disparo, un grito de dolor y el sonido del cuchillo estrellándose contra el suelo. Cuando abrió los ojos le salpicó un poco de sangre en la cara. El asesino se sujetaba la mano con la que había sostenido el arma, y miraba hacia la espesura con rencor, aprovechó para darle la vuelta a la situación, a pesar del dolor que le atravesaba el abdomen. Aplastó al otro contra el suelo, clavándole las uñas en las muñecas, gruñendo como un perro rabioso, con los hombros tensos y sopesó la opción de desgarrarle el cuello de un mordisco. La idea era tentadora. Sintió sus colmillos ensancharse al pensar en la sangre corriendo desde su boca hacia su barbilla.
Mierda. La cercanía de la luna llena le nublaba el juicio y le imbuía ideas violentas. Casi agradeció que Axel le apartara de un empujón. La daga que hasta ese momento seguía clavada en su abdomen desapareció cuando Axel se la arrancó para enfrentarse al asesino. ¿Se suponía que los amigos hacían eso?, ¿arrancar armas del vientre del otro se podía tomar como muestra de amistad?
Oyeron otro disparo justo cuando Axel se preparaba para saltar y atacar. De entre la espesura, una joven salió apuntando con un arma a los tres hombres, avanzó con las rodillas flexionadas alternando la dirección del cañón del arma entre los tres hombres presentes, su mirada estudiaba la situación.
· · · · · ·
Aeryn identificó como su objetivo al hombre que había tratado de apuñalar al otro, así que disparó. Parte de su trabajo como caza recompensas era ayudar a los civiles cuando aquel al que tenía que apresar los amenazaba. No había apuntado expresamente a la mano armada, pero su instinto protector actúo por ella.
Cuando salió de su escondite, con la pistola en alto y dejando claro con su expresión corporal que ninguno se iba a largar sin que ella le regalara una de sus balas, se fijó que el que había estado acorralado contra el suelo estaba herido, en la oscuridad podía jurar que las heridas eran graves y necesitaba de atención médica inmediata. Así que tenía que apresar a su objetivo de inmediato y atender al herido.
Con un movimiento hábil y fluido, se acercó al asesino, que al verla, se incorporó y adoptó una postura de combate. Ambos se miraron fijamente, los ojos azules de Aeryn chocaron contra la oscura mirada de su oponente. Ella creyó ver algo en los ojos de él justo antes de que atacara.
Aeryn esquivó el golpe, levantó la pistola de nuevo, apuntó y disparó. El tiró le dio justo en la pierna, haciendo que cayera al suelo de rodillas. Aeryn sacó las esposas de uno de los bolsillos de su pantalón y se acercó para apresarle. Cuando estuvo a punto de tomar su mano para cerrar las esposas, una enorme bestia saltó contra ella.
Pudo esquivar de un salto el primer golpe, pero no esperaba que la criatura contara con tres cabezas, cada una independiente, y una de ellas la atacara, empujándola contra el tronco de un árbol. Cuando cayó al suelo desplomada, el animal se giró, saltando sobre el intruso. Este a duras penas, escaló al lomo de la quimera, gruñendo del dolor. Aeryn pudo incorporarse a medias, mareada, y observar descorazonada como el desgraciado escapaba a lomos de la bestia. Si su padre se enteraba de aquello, se haría la vergüenza de la familia. Llevaba ya cerca de dos meses y medio fuera de casa, buscando a aquel asesino, y el primer contacto que tenía con él era un fracaso. Nunca había tardado tanto tiempo en completar una misión. Apoyada sobre los codos, aún tirada en el suelo, dejó la cabeza colgando de los hombros y suspiró. Se dio unos segundos antes de levantarse e ir hacia los dos hombres. Uno de ellos, el de pelo verde, se colocó delante del herido con ademán protector.
Ella levantó las manos después de guardar la pistola en su funda, en un intento de no parecer una amenaza. Por las pintas, aquellos dos debían ser nativos del Continente. Probablemente nunca hubieran visto un arma como la suya o a alguien de un Continente superior.
Un siseo amenazador hizo que se detuviera antes de llegar a ellos.

Quimera y asesino

Axel pudo escuchar el gruñido de advertencia que emitió la criatura. Tenía tres cabezas, una un león, otra una cabra y la ultima un dragón. Dos enormes alas membranosas salían de su espalda y una peligrosa cola de escorpión se retorcía sobre estas, tratando de amenazarle. Como si pudiera, por muy criatura de pesadilla que fuera.
Desenvainó la espada y se lanzó de frente con un siseo furioso. Se centró en golpear las patas de la criatura, esquivar las garras y cabezas que querían matarlo, tratando de encontrar un punto débil, derribarla y correr para ayudar a Nao.
· · · · · ·
Él mientras tanto, se encontraba en un duelo de miradas con quien que supuso que era el jinete del terrorífico animal. Lid gruñía tras él, con el pelaje del lomo erizado y los colmillos blancos suavemente iluminados por la luz de las lunas.
Se tomó un segundo para estudiar la situación. Por los Grandes Espíritus, ¡¿aquello era una quimera?!, ¡¿qué demonios hacía una quimera en su campamento?!, ¿no estaban extintas?! Un ligero movimiento de su adversario le devolvió su atención. Era un humano joven, a juzgar por su olor, sano, fuerte. Y encima su compañero era una quimera, por lo que no sabía si el olor a sangre y muerte provenía de él o de la criatura. Iban a tenerlo jodido.
Se inclinó hacia delante, tratando de captar lo que hacían Axel y aquel terrible animal. Frunció el ceño cuando descubrió que ya no estaban.

· · · · · ·

Se habían adentrado en el bosque y no podría irle peor. Por alguna razón la quimera no estaba usando la cola y se limitaba a atacar con las garras, pero estaba consiguiendo acorralarle. Y lo hizo. Su espalda chocó contra el tronco de un árbol, quedando atrapado con las tres cabezas amenazándole a menos de metro y medio. Iba a morir ahí.
Ellet apareció de repente frente a él, haciendo retroceder a la quimera ligeramente mientras enseñaba los colmillos. Por su aspecto, la mayor parte del tiempo se hacía pasar por una serpiente, pero realmente era un amphitere, un tipo de dragón sin patas. La crin de pelo ayudaba a disimular sus alas, que ahora tenía extendidas. Chispas saltaban de entre sus colmillos, y el gruñido que salía de su garganta iba en ascenso. Axel esperó un instante antes de confiarle a la dragona la pelea con la quimera y correr de vuelta al campamento. Nao iba a necesitar ayuda. Pero no contó con que la bestia ignorara a Ellet y fuera tras él.
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A Nao no le estaba yendo tan mal, estaba a la par en fuerza física con el intruso, pero él no estaba usando más armas que sus garras y colmillos, si pudiera conseguir un mordisco limpio, el otro no tendría oportunidad... pero se movía y retorcía como una jodida lagartija, usaba como arma un cuchillo militar y podía ver entre sus ropas bultos que escondían más armas. Creyó oler pólvora, ahora que no estaba la quimera, podía decir que el tufo a muerte provenía de él. Y le resultaba familiar.
Se separaron un momento antes de volver a embestirse, clavó las uñas en los brazos del desconocido, desgarrando la ropa y la carne, sujetó con fuerza para evitar que se escapara otra vez y poder clavarle los colmillos. Cuando abrió la boca, dispuesto a atacar, sintió un golpe seco y un dolor agudo en el abdomen. Volvieron a apartarse, esta vez gracias a un empujón que dio el hombre-lobo. Miró hacia abajo sorprendido y jadeando. El muy desgraciado le había clavado la daga justo en el centro, si se movía podía sentirla en su interior, desgarrar sus órganos y su carne. Levantó la vista sólo para ver que el otro se había vuelto a armar, esta vez con un cuchillo más grande y que de un golpe certero atravesó su carne, esta vez más cerca del ombligo y más descentrado. El golpe le tiró al suelo, el asesino aprovechó para inmovilizarlo subiéndose encima y agarrándole del cuello. Nao volvió a usar las uñas para defenderse, rasgándole la cara, gruñendo como un poseso, mientras con la mano libre su enemigo arrancó una de las armas blancas de su cuerpo y la levantaba sobre su cabeza, apuntando al corazón.
El hombre-lobo pudo escuchar como Axel lo llamaba a gritos a la vez que el cuchillo descendía, cerró los ojos preparándose para el golpe.