29/3/17

10. De caza

El hombre-lobo gruñía como un diablo enfurecido después de escuchar aquello.
Skeith retrocedió asustado, mirando los tremendos colmillos blancos que nacían de las encías rosas. Estaba seguro que no eran tan grandes hacía dos segundos. La garganta le vibraba por la fuerza del gruñido. Axel se interpuso entre él y ellos, haciendo de pantalla, medio abrazando el pecho del licántropo.
Aeryn había sacado un par de pistolas, sostenía cada una en una mano y una daga con hoja de plata colgaba de su diestra. Apuntaba a la cabeza de ambos.
- Mas te vale controlar a esa... esa cosa, si no quieres que lo haga yo - susurró.
- A ti te convendría cerrar la boca y dejar de tentar a tu suerte - siseó Axel, haciendo fuerza. Nao agarraba y tiraba de la espalda de su camiseta, como si así pudiera mantener el control. - Es muy mal día para hacer enfurecer a un hombre-lobo, quedan horas para el plenilunio y su influencia se nota desde ayer.
Aeryn también parecía al límite.
- Estas arriesgándote a que no te preste mi ayuda, Axel. - las manos no le temblaban ni un ápice. Si disparaba, no se arrepentiría.
Axel siseó cuando Nao embistió, tratando de liberarse, provocando que sus cuerpos se sacudieran, a duras penas se mantuvo inamovible en su sitio, sin cambiar su postura y manteniendo el agarre sobre su amigo. Nao no dejaba de gruñir, y la actitud de la mujer sólo empeoraba la situación. Harto de todo aquello y con unas tremendas ganas de golpear a alguien, encaró al licántropo, agarrando su camiseta. Una vez lo tuvo bien sujeto, pateó su pierna dominante, tirándolo al suelo e inmovilizándolo con una llave. 
Una vez resueltas sus ganas, se giró bruscamente hacia Aeryn, con una expresión que no admitía réplica en los ojos y dijo:
- Esto es lo que haremos. Te ayudaremos en lo que haga falta sobre el tema del tío de anoche mientras viajemos juntos. No sé cuánto puede costar pasar de un Continente a otro. Y menos si tenemos la luna en nuestra contra. Si esta noche surge algún contratiempo durante el plenilunio, tendremos que viajar a cualquier otro puerto para poder largarnos - al decir aquello, volvió a mirar a Nao, advirtiéndole con una mirada -. Y esta noche no habrá problemas porque vas a quedarte dormido, ¿verdad?
El hombre-lobo gruñó como respuesta y en el momento en que Axel se quitó de encima suyo, se apresuró a ponerse de pie y darles la espalda a todos. Paseó como un animal encerrado por el borde del campamento, bufando y gruñendo cada vez más fuerte.
Aeryn aún no había bajado las armas, ni perdido su postura de combate. Seguía tensa cuando Nao la dirigió una mirada amenazadora desde la otra punta. Era increíble lo mucho que parecía un lobo en ese momento, sus ojos resaltaban bajo las sombras de los árboles, una mirada aún más salvaje y peligrosa que la de sus congéneres encerrados en jaulas en el resto de los Continentes.
Axel se acercó a su katana, que tenía el mango apoyado en su macuto, como advertencia.
- Bien, hay que prepararse para la fiesta. Tú, ¿sabes cazar? - cambió de tema de forma radical, señalando a Aeryn con la cabeza. Su idea era llevarse a la joven de allí y poder tener una conversación tranquilamente con ella, sin hombres-lobo o pequeñas e inocentes doncellas presentes.
- Claro que sé cazar. Fugitivos. Desde los trece años. - replicó indignada, como si la hubiera insultado.
- Yo me refiero a animales. Para comer. - Axel hizo un gesto con la mano, como si se llevara algo a la boca.
Ella se quedó en silencio un momento.
- ¿Hay que despiezar lo que cacemos? - Axel la miró como si la respuesta fuese obvia. Ella tragó saliva para afirmar. - Sé cazar. Pero no pienso desollar ningún animal.
Axel aceptó con un asentimiento de cabeza y con un gesto de la mano, la instó a seguirlo. Pero cuando Aeryn vio que iban a salir del campamento, y que Skeith y Nao iban a quedarse solos se detuvo en seco.
- ¿No viene él? - preguntó señalando al hombre-lobo. El de pelo verde se giró a mirarlo.
- No es conveniente estimular a un licántropo en la caza justo antes de la luna llena. No es absolutamente una buena idea. Y quiero que esta noche duerma, así que no, no viene. - tal y como lo dijo, no admitía réplica, por muy caza-recompensas que fueras. Aeryn bien podría haber sido la hija del rey del inframundo y la respuesta hubiera sido la misma.
Ante aquello, la joven se llevó una mano al cinturón y sacó uno de sus equipos de contención de hombres-lobo. El menos agresivo, para que Axel no pusiera pegas. Sólo una cadena de plata de alrededor de un metro y medio de largo, una esposa especialmente diseñada y una estaca de hierro que clavó rápidamente en el suelo cerca de Nao.
- Esto es solo por precaución. - trató de convencer a Axel. Para cuando se levantó, esposa en mano, y quiso acercarse al hombre-lobo, este se alejó de un salto, gruñendo levemente. Aeryn empezaba a hartarse de él y sus gruñidos.
Fue Axel quien acabó cerrando la esposa alrededor de la muñeca de Nao, suspirando, mientras el otro le miraba como si le estuvieran traicionado.
- Aguanta un poco - le susurró -. Será sólo unos días. En cuanto pisemos un barco podremos olvidarnos de ella.
- De ella y de Lid - replicó Nao
Axel le miró a los ojos.
- Lid seguirá con nosotros. Por mucho que ella la quiera.
Cuando los dos se internaron en la espesura, para conseguir su desayuno, Nao pensó que con tal de seguir con Lid, sería capaz de quedarse junto aquella chica prepotente por el resto de su vida. Aunque lo usara como guarda para un terreno. O como una máquina de hacer dinero mediante las peleas. Sin Lid, él no aguantaría.

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