15/3/17

8. ¿Quién eres?

Nao no se inmutó cuando la joven se levantó de un salto gritando, ni cuando le dirigió una mirada de desprecio que podría haber sumido en la miseria a alguien menos experimentado.
A eso se refería exactamente con los humanos, despreciaban a cualquiera que no fuera como ellos, que no tuviera su sangre o su ansia destructiva. Desde el principio no había dicho nada, aunque no estaba de acuerdo en que ella le tratara las heridas, al fin y al cabo, más temprano que tarde, hubieran sanado solas. Pero Axel se había echo a un lado, y Nao confiaba en él. Aunque su amigo probablemente ni siquiera hubiera llegado a imaginar lo que se avecinaba. Ignorándole por completo, ella se giró hacia Axel, recriminándole con la mirada.
- ¡Es un hombre-lobo! - gritó - ¡Es un hombre-lobo y no me habías avisado!
Axel, quien había vuelto a desenvainar su katana, se había levantado en toda su estatura y se mostraba amenazador.
- Fuiste tú la que insistió en curarlo - no le hizo falta levantar la voz. 
Ella no se amilanó, pero levantó un dedo acusador.
- Eso es mentir. Me engañaste. Todos los hombre-lobo deben estar identificados. Podría encerrarte por esto. - La voz de la joven era venenosa y estaba cargada de desprecio. 
Axel, repentinamente más calmado, la observó durante largos segundos y Nao pudo apreciar que estaba tramando algo, conocía muy bien ese brillo sospechoso en sus ojos. 
Pero la joven no parecía dispuesta a colaborar, a pesar de la leve tregua que el de pelo verde estaba dispuesto a ofrecer. 
De uno de los abalorios que decoraban sus muñecas se había elevado una pequeña pantalla holográfica, y escribía rápidamente en un teclado oculto en la muñequera metálica. 
Algo interrumpió lo que hacía. El niño que la acompañaba gritó y saltó hacia ella a la vez que Lid y Ellet entraban a lo que había sido su campamento. 
Ambos sintieron que podían respirar tranquilos al ver a sus compañeras, ninguna parecía herida a simple vista. 
Lid se acercó lloriqueando al verlo tumbado, siendo incapaz de levantarse solo. 
Cuando le acarició el rostro con la nariz, acaricio su enorme y negro belfo, gimoteando suavemente para hacerle saber que estaba bien, a pesar del olor de la sangre que impregnaba sus narices. 
Axel hacía lo propio con Ellet, acariciaba sus crines y barbilla suavemente, susurrando. 
Nao se agarro de las orejas de Lid cuando ella apoyó la cabeza en su cuerpo, cuando estuvo sujeto, tiró de él para ponerlo en pie. No se apartó, hasta que pudo mantenerse en pie. Aunque sólo fuera eso y no tuviera fuerza para andar. Por lo menos no parecería un saco roto en el suelo. 
Ambos volvieron a prestar atención a su alrededor, cuando escucharon un sollozo y una retahíla de palabras incomprensibles que dijo la joven cuando vio al hombre-lobo en pie. 
Axel suspiró exasperado y se acercó a Nao para asegurar que se encontraba bien.
- En un par de horas las heridas habrán cerrado - le hizo saber, antes de que abriera la boca para preguntar. Él asintió levemente para acercarse a la joven.
- ¿Cuál es tu nombre? - preguntó bruscamente, cortando de lleno sus quejas sobre hacer llorar al chico con aquellas bestias salvajes. 
La joven frunció ligeramente el ceño al verse ignorada. Y estuvo tentada de no abrir la boca y largarse de allí. Pero necesitaba toda la información posible sobre el fugitivo, y quizá él supiese algo más que la ayudara a capturarlo. 
Al final respondió con un suspiro.
- Aeryn. Aeryn Altet. Vengo del Continente Viento, como agente caza-recompensas. Estaba rastreando al tipo que te ha atacado. 
Axel se guardó para sí que no era a él al quien quería, pero decidió seguirle el juego, la necesitaban para poder continuar. Sería más fácil y rápido.
-Yo soy Axel, de los territorios del este. Vengo de las selvas del Continente. - hizo una venia con la mano, para acompañar su presentación. - Me acompañan Nao, de las tierras del Norte, y nuestras compañeras, Ellet y Lid. 
Aeryn ignoró por completo la presentación de Nao, mientras se giraba hacia el joven que la acompañaba.
-Él es Skeith, empezamos a viajar juntos cuando nos cruzamos en el Continente Fuego, de donde proviene. - pareció darse cuenta de algo -. Skeith, ¿dónde está Heilen? Te dije que te quedaras con él. 
El llamado Skeith se encogió al oír la pregunta. 
- Yo no quería desobedecer, te lo prometo. - fue lo primero que dijo. Parecía desesperado porque ella le creyera -. Pero Heilen de repente salió volando. Lo seguí hasta aquí, no sé dónde puede estar ahora. Yo vine con él, te lo juro. Nunca habría desobedecido sin una buena razón. - para ese momento le temblaba la voz y parecía al borde del llanto de nuevo. 
Nao levantó una ceja al ver una reacción tan exagerada, supo que Axel volvía a perder la paciencia por el leve cambio de tensión en su cuerpo. Quiso decir algo para que su amigo volviera a relajarse, sabía que los lloricas como el joven acababan con sus nervios. 
- Skeith, no hace falta ponerse nervioso - por alguna razón, Nao había imaginado que Aeryn trataría al chico con tanta frialdad como a ellos, pero cuando habló, su voz salió suave y comprensiva -. Heilen está entrenado para actuar por su cuenta, probablemente esté haciendo eso ahora mismo. Puedo monitorear su posición. - le dijo para tranquilizarlo.
· · · · · ·

Axel bufó exasperado, las moñerías como aquella le atacaban los nervios. En el Continente Tierra lideraba la ley del más fuerte y, claramente, aquel chaval moriría rápidamente si le dejaban sólo. Quiso decir algo, pero Nao acabó en el suelo de la nada y con aquello se olvidó de todo. 

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