29/3/17

9. La pregunta

Cuando Nao abrió los ojos finalmente, ya era medio día. Y lo primero que vio fue el rostro de Axel cubriendo la luz de los soles. Cuando se apartó de su campo de visión, le siguió con la mirada, todavía algo atontado por el despertar.
- ¿Cómo me habías dicho? - le escuchó farfullar -. ¡Ah si! "En dos horas estaré como nuevo" "En un par de horas, las heridas habrán cerrado" - dijo imitando su tono de voz. Le vio llenar un cuenco de arcilla con agua y acercarse de nuevo. - "En un par de horas empezaré a convulsionar porque la daga con la que me atacaron era demoníaca y envenenó mi sangre" Oh, sí. ¿Sabes dónde puedes meterte tu par de horas? 
Mientras Axel despotricaba, Nao se incorporó, levantando una ceja. Las heridas le dolían menos y sentía que había recuperado parte de su fuerza.
Cuando alzó la vista para buscar a Lid, estuvo a punto de tirar el agua. Al otro lado de la fogata había dos humanos observándole. Tenía vagos recuerdos de la mujer antes de caer inconsciente. Le metió un codazo a Axel tras dirigirles otra rápida mirada.
- Axel... ¡Axel! - llamó con urgencia - Hay dos humanos en el campamento.
El mencionado se incorporó, dejando lo que estaba haciendo para encararle y soltarle una colleja*.
- ¿¡No me digas!? - exclamó, levantando los brazos, dramático. - ¡No me había dado cuenta! ¡¿Cómo te has enterado?!
Nao refunfuñó, volviendo a mirar a los... invitados, con el ceño fruncido. La joven trataba de matarle con la mirada, sus ojos azules parecían dos bloques de hielo. De un glaciar. Dos bloques que se habían desprendido para aplastar todo lo que estuviera en su camino. Y en su camino estaba él. Se arrastró disimuladamente hacia atrás, queriendo alejarse de una situación absolutamente tensa e incómoda. No llegó muy lejos porque chocó contra las rodillas de Axel.
- ¿A dónde te crees que vas? - preguntó el pelo-verde, levantando la ceja. Empujó con las rodillas, devolviendo al hombre-lobo a su sitio y se sentó a su lado.
Axel se frotó las manos, tratando de encontrar las palabras adecuadas a la situación. Decidió empezar por Nao. Así que se giró hacia él y le llamó. Cuando este levantó la vista de sus uñas, donde había decidido refugiarse y lo miró, empezó.
- Nao, ella es Aeryn. Hija de los caza-tesoros y caza-recompensas mas famosos y ricos del Continente Aire - explicó -. El tipo que te atacó anoche es a quién está buscando. Está acusado de asesinato y su orden de busca y captura fue emitida hace algo más de seis meses.
Nao le miraba como si estuviera narrándole el cuento mas aburrido de la historia. Sus ojos parecían decir "¿Y a mí, qué?", así que decidió atajar con el tema delicado. Cogió aire antes de continuar. El "¿A mi qué?" de su amigo probablemente pasara a ser una serie de gruñidos indescifrables con lo siguiente que iba a decir. Cuando abrió la boca para hablar, fue interrumpido.
- No entiendo que tiene que ver todo esto con esta bestia - dijo Aeryn. El pelo-verde se quedó con la boca abierta.
- Viajamos con él. - respondió, tratando de sonar asertivo. Joder. De verdad, DE VERDAD, que necesitaban a aquella chica para poder continuar. La noche anterior estaban teniendo problemas porque no sabían como funcionaba la burocracia para que un humano abandonara del Continente,  menos sabían que era necesario para que lo hiciera un hombre-lobo. Pero si ella se negaba a dejar aquella actitud despectiva, todos sus planes habrían sido en vano. - No sé tú, pero cuando viajo con alguien, me gusta tener a esa persona informada.
Aeryn rió.
- Exacto. Persona. Eso - señaló a Nao - debería limitarse a seguir órdenes. Que para eso es un hombre-lobo, los animales deben obedecer a sus dueños.
Axel se mordió la lengua, aguantando las ganas de soltar todo lo que se apelotonaba en su boca. Como todos los humanos fueran así, a él también iban a ponerle una orden de busca y captura. Por genocidio. No se iba a limitar en hacer un trabajo a medias.
Suspiró, llevándose las manos a las sienes, tratando de tranquilizarse.
A todo eso, Nao había estado muy callado con todo aquello.
Miraba a la joven con resentimiento y odio, pero no parecía dispuesto a replicar.
Aeryn sonrió con suficiencia, interpretando aquella mirada como un punto a favor.
- Una vez aclarado esto, vayamos al punto. Yo puedo haceros abordar un barco pero, ¿qué puedes ofrecerme tu a mi, a cambio de mi ayuda?
Y ahí estaba, La Pregunta, con mayúsculas. Axel no tenía ni idea de qué otra cosa, aparte de la poca información que le había dado durante la noche, podía querer alguien como ella. Estaba empezando a replantearse su plan, sólo porque acabara aquel odio irracional hacia Nao.
-Yo te diré lo que quiero - atajó -. Quiero a ese lobo alado.

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