6/3/17

Quimera y asesino

Axel pudo escuchar el gruñido de advertencia que emitió la criatura. Tenía tres cabezas, una un león, otra una cabra y la ultima un dragón. Dos enormes alas membranosas salían de su espalda y una peligrosa cola de escorpión se retorcía sobre estas, tratando de amenazarle. Como si pudiera, por muy criatura de pesadilla que fuera.
Desenvainó la espada y se lanzó de frente con un siseo furioso. Se centró en golpear las patas de la criatura, esquivar las garras y cabezas que querían matarlo, tratando de encontrar un punto débil, derribarla y correr para ayudar a Nao.
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Él mientras tanto, se encontraba en un duelo de miradas con quien que supuso que era el jinete del terrorífico animal. Lid gruñía tras él, con el pelaje del lomo erizado y los colmillos blancos suavemente iluminados por la luz de las lunas.
Se tomó un segundo para estudiar la situación. Por los Grandes Espíritus, ¡¿aquello era una quimera?!, ¡¿qué demonios hacía una quimera en su campamento?!, ¿no estaban extintas?! Un ligero movimiento de su adversario le devolvió su atención. Era un humano joven, a juzgar por su olor, sano, fuerte. Y encima su compañero era una quimera, por lo que no sabía si el olor a sangre y muerte provenía de él o de la criatura. Iban a tenerlo jodido.
Se inclinó hacia delante, tratando de captar lo que hacían Axel y aquel terrible animal. Frunció el ceño cuando descubrió que ya no estaban.

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Se habían adentrado en el bosque y no podría irle peor. Por alguna razón la quimera no estaba usando la cola y se limitaba a atacar con las garras, pero estaba consiguiendo acorralarle. Y lo hizo. Su espalda chocó contra el tronco de un árbol, quedando atrapado con las tres cabezas amenazándole a menos de metro y medio. Iba a morir ahí.
Ellet apareció de repente frente a él, haciendo retroceder a la quimera ligeramente mientras enseñaba los colmillos. Por su aspecto, la mayor parte del tiempo se hacía pasar por una serpiente, pero realmente era un amphitere, un tipo de dragón sin patas. La crin de pelo ayudaba a disimular sus alas, que ahora tenía extendidas. Chispas saltaban de entre sus colmillos, y el gruñido que salía de su garganta iba en ascenso. Axel esperó un instante antes de confiarle a la dragona la pelea con la quimera y correr de vuelta al campamento. Nao iba a necesitar ayuda. Pero no contó con que la bestia ignorara a Ellet y fuera tras él.
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A Nao no le estaba yendo tan mal, estaba a la par en fuerza física con el intruso, pero él no estaba usando más armas que sus garras y colmillos, si pudiera conseguir un mordisco limpio, el otro no tendría oportunidad... pero se movía y retorcía como una jodida lagartija, usaba como arma un cuchillo militar y podía ver entre sus ropas bultos que escondían más armas. Creyó oler pólvora, ahora que no estaba la quimera, podía decir que el tufo a muerte provenía de él. Y le resultaba familiar.
Se separaron un momento antes de volver a embestirse, clavó las uñas en los brazos del desconocido, desgarrando la ropa y la carne, sujetó con fuerza para evitar que se escapara otra vez y poder clavarle los colmillos. Cuando abrió la boca, dispuesto a atacar, sintió un golpe seco y un dolor agudo en el abdomen. Volvieron a apartarse, esta vez gracias a un empujón que dio el hombre-lobo. Miró hacia abajo sorprendido y jadeando. El muy desgraciado le había clavado la daga justo en el centro, si se movía podía sentirla en su interior, desgarrar sus órganos y su carne. Levantó la vista sólo para ver que el otro se había vuelto a armar, esta vez con un cuchillo más grande y que de un golpe certero atravesó su carne, esta vez más cerca del ombligo y más descentrado. El golpe le tiró al suelo, el asesino aprovechó para inmovilizarlo subiéndose encima y agarrándole del cuello. Nao volvió a usar las uñas para defenderse, rasgándole la cara, gruñendo como un poseso, mientras con la mano libre su enemigo arrancó una de las armas blancas de su cuerpo y la levantaba sobre su cabeza, apuntando al corazón.
El hombre-lobo pudo escuchar como Axel lo llamaba a gritos a la vez que el cuchillo descendía, cerró los ojos preparándose para el golpe.

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