6/3/17

Un encuentro

El golpe nunca llegó, en cambio sí lo hizo el sonido de un disparo, un grito de dolor y el sonido del cuchillo estrellándose contra el suelo. Cuando abrió los ojos le salpicó un poco de sangre en la cara. El asesino se sujetaba la mano con la que había sostenido el arma, y miraba hacia la espesura con rencor, aprovechó para darle la vuelta a la situación, a pesar del dolor que le atravesaba el abdomen. Aplastó al otro contra el suelo, clavándole las uñas en las muñecas, gruñendo como un perro rabioso, con los hombros tensos y sopesó la opción de desgarrarle el cuello de un mordisco. La idea era tentadora. Sintió sus colmillos ensancharse al pensar en la sangre corriendo desde su boca hacia su barbilla.
Mierda. La cercanía de la luna llena le nublaba el juicio y le imbuía ideas violentas. Casi agradeció que Axel le apartara de un empujón. La daga que hasta ese momento seguía clavada en su abdomen desapareció cuando Axel se la arrancó para enfrentarse al asesino. ¿Se suponía que los amigos hacían eso?, ¿arrancar armas del vientre del otro se podía tomar como muestra de amistad?
Oyeron otro disparo justo cuando Axel se preparaba para saltar y atacar. De entre la espesura, una joven salió apuntando con un arma a los tres hombres, avanzó con las rodillas flexionadas alternando la dirección del cañón del arma entre los tres hombres presentes, su mirada estudiaba la situación.
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Aeryn identificó como su objetivo al hombre que había tratado de apuñalar al otro, así que disparó. Parte de su trabajo como caza recompensas era ayudar a los civiles cuando aquel al que tenía que apresar los amenazaba. No había apuntado expresamente a la mano armada, pero su instinto protector actúo por ella.
Cuando salió de su escondite, con la pistola en alto y dejando claro con su expresión corporal que ninguno se iba a largar sin que ella le regalara una de sus balas, se fijó que el que había estado acorralado contra el suelo estaba herido, en la oscuridad podía jurar que las heridas eran graves y necesitaba de atención médica inmediata. Así que tenía que apresar a su objetivo de inmediato y atender al herido.
Con un movimiento hábil y fluido, se acercó al asesino, que al verla, se incorporó y adoptó una postura de combate. Ambos se miraron fijamente, los ojos azules de Aeryn chocaron contra la oscura mirada de su oponente. Ella creyó ver algo en los ojos de él justo antes de que atacara.
Aeryn esquivó el golpe, levantó la pistola de nuevo, apuntó y disparó. El tiró le dio justo en la pierna, haciendo que cayera al suelo de rodillas. Aeryn sacó las esposas de uno de los bolsillos de su pantalón y se acercó para apresarle. Cuando estuvo a punto de tomar su mano para cerrar las esposas, una enorme bestia saltó contra ella.
Pudo esquivar de un salto el primer golpe, pero no esperaba que la criatura contara con tres cabezas, cada una independiente, y una de ellas la atacara, empujándola contra el tronco de un árbol. Cuando cayó al suelo desplomada, el animal se giró, saltando sobre el intruso. Este a duras penas, escaló al lomo de la quimera, gruñendo del dolor. Aeryn pudo incorporarse a medias, mareada, y observar descorazonada como el desgraciado escapaba a lomos de la bestia. Si su padre se enteraba de aquello, se haría la vergüenza de la familia. Llevaba ya cerca de dos meses y medio fuera de casa, buscando a aquel asesino, y el primer contacto que tenía con él era un fracaso. Nunca había tardado tanto tiempo en completar una misión. Apoyada sobre los codos, aún tirada en el suelo, dejó la cabeza colgando de los hombros y suspiró. Se dio unos segundos antes de levantarse e ir hacia los dos hombres. Uno de ellos, el de pelo verde, se colocó delante del herido con ademán protector.
Ella levantó las manos después de guardar la pistola en su funda, en un intento de no parecer una amenaza. Por las pintas, aquellos dos debían ser nativos del Continente. Probablemente nunca hubieran visto un arma como la suya o a alguien de un Continente superior.
Un siseo amenazador hizo que se detuviera antes de llegar a ellos.

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