2/4/17

11. Confiar

Instintivamente Nao quería alejarse de la plata que le colgaba de la muñeca, así que empezó a pasearse nervioso de un lado a otro, con la cadena tensa. Podía dar tres pasos en línea recta. Y seis y medio siguiendo la circunferencia. En resumidas cuentas, se estaba agobiando. 
Trató de no pensar en ello, pero no tenía mucho con lo que entretenerse. Lid estaba perdida en algún lugar, probablemente con Ellet. Axel había ido a intimar con el intento de caza-recompensas, y lo único con vida que quedaba en el campamento era el chico que parecía un ratón de campo. Y se dedicaba a examinarse los pies como si fueran lo más entretenido del mundo entero, ajeno a todo. 
Volvió a poner atención a su muñeca. La esposa debía estar hecha de plata, pero estar bañada de algún otro material, ya que no podía romperla y le estaba irritando la piel, sin provocar las laceraciones típicas. 
Gimoteó levemente tras unos segundos de examen. La angustia por sentirse atrapado iba en aumento. Siguió dando vueltas, sintiéndose incapaz de huir del único material capaz de matarlo. Y Lid seguía sin aparecer. 
Como continuara así, iba a acabar cavando un surco, así que tomó aire y se sentó. No sirvió de mucho.
Dejó de nuevo vagar la vista, y otra vez volvió a ver al chiquillo observarse y masajearse los pies por encima de las tristes botas de cuero, como si le doliesen. Ladeó un poco la cabeza y olfateó el aire. Si que olía levemente a sangre y pus, ¿la caza-recompensas sabría de aquellas heridas infectadas? Más bien diría que no, dudaba que permitiera que el chico paseara por ahí con heridas abiertas y pululentas. Dándose la vuelta, con intención de descansar, pensó "Esto no me incumbe". No tardó mucho en girarse de nuevo para volver a mirarlo.
La expresión del joven indicaba que le dolía, pero tampoco parecía querer hacer nada para curar las heridas. 
Bufó, molesto consigo mismo 
"Atado como estás, tampoco puedes hacer nada, Nao." Se dijo "Dudo mucho que él se acerque solo, por muy buenas intenciones que tengas" Mucho menos después de aquella demostración de desprecio de la que la humana había hecho gala. 
Tras un rato de debatir, decidió que no podía hacer nada, mucho menos estando... se le escapó una sonrisilla. 
Jodido Axel, no había cerrado del todo la esposa para que pudiera sacar la mano fácilmente.
· · · · · ·
Axel iba un par de pasos más adelantado que la joven, sus ojos no se quedaban quietos, mientras buscaba el mejor sito donde empezar a poner las trampas para conejos. Eso se le daba genial a Nao, con su oído súper desarrollado era capaz de encontrar las madrigueras y decidir donde colocar las trampas para que los animales cayeran en el momento. 
Una leve tos detrás suyo, llamó su atención. Se había olvidado completa y momentáneamente de que Aeryn estaba ahí, y que había sido él quien había insistido para que lo acompañara. 
Se giró sonriente, esperando que ella hablara.
- ¿Qué tienes intención de cazar? - ver la expresión de Axel hizo que ella diera un par de pasos atrás. ¿Por qué demonios estaba tan sonriente?
- No mucho - respondió tras un momento -. Sólo algo para que mañana podamos aplacar los instintos de Nao. 
Aeryn frunció el ceño. Aplacar ¿qué? ¿Había oído bien?
- Nao va a tomarse esta noche unos sedantes. Con tu presencia y la fantástica cita que tuvimos anoche, no quiero que Volk* se mosquee mucho. Ya sabes, los lobos tienen a ser temperamentales, y las noches de plenilunio los sobreexcita. Pensé en eso para que no sintieras la necesidad de matar a mi amigo de la infancia. - dijo aquello con tono de broma, pero Aeryn sintió que era una amenaza escondida.
- ¡¿Vamos a cazarle la comida a un cazador?! - Axel asintió alegremente.
- ¡Vamos! Todavía quedan trampas que poner. No te preocupes por recordar dónde las dejas, con que me avises es suficiente. Vendré a recoger las piezas antes del amanecer.
· · · · ·
De nuevo, Axel fue el primero en entrar al campamento, y cuando vio la cara del licántropo, supo enseguida que había hecho algo que no debía. Eso, y que no estaba donde lo había dejado antes de irse. Aquella era la cara que ponía un cachorro cuando le pillaban en medio de una travesura. Cuando se dio cuenta que era lo que había hecho, casi se empezó a reír. Pero aguantó. Tenía que hacerlo si no quería que Aeryn la tomara aún más con él. 
Así que con un gesto de la cabeza le indicó que volviera a su sitio, pero el muy imbécil se arrastró dentro de unos arbustos, dejando a un pobre Skeith confuso en su sitio, con un vendaje en el pie a medio terminar. 
Un instante después de que Nao desapareciera, Aeryn salió de detrás de su espalda, llamando al chico moreno. 
Antes de que ella se diera cuenta que faltaba alguien, Axel se puso delante de la estaca clavada en el suelo, y empujó la cadena hacia un arbusto. Nao salió disimuladamente y volvió a colocarse la esposa en la muñeca.
- ¿Qué te ha pasado? - exclamó la joven al ver el pie a medio vendar. - ¿Por qué te has tenido que poner eso?
Nao bufó cuando Aeryn empezó a retirar las vendas sin colocar. Ella soltó una exclamación exagerada cuando descubrió la piel y vio la cantidad de heridas y rozaduras. Apresurada, le quitó la zapatilla para encontrar que el otro pie estaba en las mismas, pero con la venda bien colocada. 
Aeryn parecía dolida. Skeith no confiaba en ella y había esperado a que no estuviera para vendarse las heridas.
- ¿Cuándo te las hiciste? - preguntó, tratando de sonar comprensiva. Pero era difícil. Había sacado a Skeith del maldito prostíbulo, le había dado ropa y zapatos... ¿y él era incapaz de decirle que estaba herido? Tenía en las plantas de ambos pies heridas hechas con objetos punzantes y ampollas abiertas, rozaduras en todos los dedos y el empeine.
- No quería preocuparte - la excusa del chico llegó vagamente a sus oídos -. Me las he estado curando solo, pero no lo he hecho bien y Nao...
Tras escuchar aquellas palabras, los dos hombres saltaron en su sitio cuando Aeryn se giró violentamente hacia ellos. Skeith, dándose cuenta de su error agarró los pantalones de la mujer. 
- Él las limpió y curó - dijo tratando de arreglar la situación -. De verdad, Aeryn, me ha ayudado.
- ¿Cómo puedes confiar en un hombre-lobo antes que en mi? - dejó salir lo que pensaba, sin darse cuenta.
Oh, oh. Axel y Nao querían desaparecer de allí y estuvieron a punto de hacerlo, de no ser porque la noche se les había echado encima y algo en el interior de Nao empezó a cambiar.

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