29/4/17

12. Plenilunio

Si no fuera porque Axel estaba ahí, Nao se hubiera dado de bruces contra el suelo.
De repente todo se volvió negro y el joven hombre-lobo dejó de ser consciente de lo que le rodeaba. Vagamente se enteraba de que le estaban hablando, ordenándole algo, pero no entendía nada. No veía nada. No sentía nada.
La voz de Axel resonó en su cabeza de repente.
"Dobla las rodillas" ordenaba. ¿Las rodillas? ¿Donde las tenía? Su propia imagen se dibujó en su cabeza, como estaba situado, dónde estaba su cuerpo. Sintió un pinchazo en el muslo. Porque eso era el muslo, ¿no?
"Sí" asintió Axel. Entonces, si era su muslo, quería decir que por debajo quedaba la rodilla. Las dobló.
Ay, que bien. Algo le acompañó hasta el suelo a la vez que se encorvaba sobre sí mismo, evitando de nuevo que se estrellase.
•••••
¿Cómo se les podía haber hecho tan tarde? Se decía Axel. Cuando hubo tumbado a Nao en el suelo, corrió hacia su bolsa y buscó el sedante. Como siempre, estaba guardado en una botellita de cristal, dentro de una bolsita de cuero, al fondo del macuto del hombre-lobo. Volvió al lado de su amigo, mientras Aeryn les observaba, estudiando la situación y con un par de armas que había sacado de quién sabe dónde.
- Por favor - pidió Axel, vertiendo el contenido de la botella entre los labios de Nao - deja tus prejuicios a un lado. Te prometo que no te pasará nada.
Ella no parecía muy segura, pero se acercó, guardando las armas, hacia ellos.
- ¿Qué necesitas? - preguntó, todavía sin fiarse mucho, y con una mano sujetando algo en un bolsillo.
- Desnudarle y tumbarlo de lado, antes de que se transforme, al ritmo que va, para cuando llegue Lid no podré hacerlo con ella.
Entonces ella terminó de acercarse al licántropo dormido, y Axel pudo respirar, aliviado. Aeryn le desnudó el torso sin poner pegas, mientras él le quitaba las botas, los pantalones y la ropa interior.
Batallaron durante un par de minutos con el cuerpo inerte de Nao y para poder ponerle de lado.
- ¡¿Pero cuánto pesa?! - jadeó Aeryn cuando terminaron. Ignoró deliberadamente la desnudez de su cuerpo. Se sentía relativamente tranquila y relajada, porque el licántropo no había reaccionado de ninguna manera a pesar de estar manipulándolo.
- Debe estar en los ochenta y cinco u ochenta y seis kilos. - contestó el pelo verde -. Ha perdido peso desde la última vez que lo vi.
- Pues no lo parece... - se quejó la rubia, sobándose la espalda.
- Verás cuando se transforme - rió él -. En su mejor momento creo que llegará a los mil trescientos kilos. Es de los lobos más grandes que hay en Tierra.
En ese momento empezó la transformación.
Aeryn y Skeith suspiraron de sorpresa al ver cómo el cuerpo del joven pelo plata aumentaba de tamaño, tomando la forma de un lobo. El pelaje parecía crecer como la hierba en los documentales, a cámara rápida. El rostro humano se deformó hasta crecer como un hocico, las orejas subieron hasta lo alto de la cabeza, la cara se cubrió de pelo. Las manos aumentaron de tamaño, mientras las uñas tomaban otra forma. La columna se extendió hasta dar paso a una cola peluda de casi un metro de largo. Y todo su cuerpo creció, hasta el punto en que Aeryn pensó que no iba a dejar de hacerlo nunca.
Pero antes de que se dieran cuenta, todo había terminado, y un enorme lobo, del tamaño de un caballo de tiro, ocupaba el lugar en el que había estado Nao.
- Ha... sido más tranquilo de lo que pensaba - susurró la chica -. Nunca había visto un transformación tan pacifica... Ni tan de cerca.
En ese momento el costado del animal se hinchó de aire durante unos segundos, antes de salir zumbando como un largo, larguísimo suspiro.
Skeith estaba escondido tras Aeryn y medio gritó de sorpresa ante el interminable suspiro del lobo. Parecía querer acercarse al enorme cuerpo inconsciente, pero no se atrevía.
- Si, bueno. El estado físico de los hombres-lobo también afecta a la transformación. Y encima a este lo hemos dormido, así que ha sido muy relajado. Aunque en situaciones normales Nao no tiene problemas para transformarse. Es un macho alfa-dominante.
Aeryn miró al lobo durante unos segundos. Un lobo alfa-dominante, ¿y que más?
- No se despertará, ¿verdad? Los alfa-dominantes son muy agresivos... - en ese momento, tuvo unas ganas tremendas de sacar el armamento pesado para contener hombres-bestia.
- Ni soñará - un estremecimiento recorrió a Axel de arriba a abajo - ¿Sabes que es lo mejor de tener un lobo de mil doscientos cincuenta y tres kilos durmiendo en tu campamento?
Ella le miró, interrogante cuando se levantó.
- Es mucho más efectivo el calor de esta mole de pelo y músculo que la fogata. Y yo vengo del sur, donde hace más calor. Así que, con tu permiso... - acomodó un poco el vientre del lobo y apartó una enorme pata trasera antes de acurrucarse entre la mata de pelo. Suspiró con satisfacción cuando sintió el cuerpo caliente del animal -. Ahora solo hay que esperar a que Lid y Ellet lleguen, mañana hará falta el cuidado materno y la carne que iré a recoger en unas horas. Mientras tanto, buenas noches.
Y tras decir aquello, Axel cerró los ojos, dando por finalizada la conversación, dejando a una rubia pasmada.
•••••
Tras quedar inconsciente, Nao se sentía flotar en medio de la basta y conocida oscuridad que lo rodeaba. Hacía mucho tiempo se rindió en  averiguar si estaba boca arriba o boca abajo. Simplemente esperaba a que el tiempo pasara. Y a que Volk se dignara a aparecer, cosa que no había hecho en los últimos tres meses.
No supo cuánto tiempo pasó hasta que sintió la presencia del lobo detrás suyo. Por fin.
Cuando giró la cabeza levemente, ahí estaba. Una enorme mole blanca, más grande que Lid por más de diez centímetros. Se dio la vuelta por completo antes de extender la mano hacia la nariz de la criatura. Cuando la tocó, no sintió nada. Por supuesto que no. Estaban dentro de su cabeza. Era como estar en el mundo de los sueños. Lo que tenía delante era una imagen de la conciencia del lobo con el que compartía cuerpo, al igual que él. Ambos escogían aparecerse en sus formas físicas, aunque a Nao alguna vez le había apetecido presentarse como una sanguijuela. O una rana. Quizá una mosca. No, una mosca no.
"Creí que no aparecerías" pensó. No hacía falta hablar. No ahí.
Con un ligero impulso flotó sobre el animal (¿o era el lobo quién estaba por encima y el pasaba por debajo?), mientras este le seguía con la mirada, girando un poco el cuello.
"No iba a hacerlo. Un debilucho como tú no es merecedor de mi presencia"
"Qué humilde" replicó, antes de preguntar. "¿Qué es lo que te ha hecho cambiar de opinión?"
"La humildad es de humanos" respondió el lobo. "Aunque no es algo de lo que pueda presumir esa mujer que se os ha unido"
"La has visto" susurró Nao. "Así que ha sido ella la que te ha hecho aparecer. ¿Debería agradecerle la próxima vez?"
El lobo le miró durante lo que parecieron horas. Nunca había sido bueno para medir el tiempo dentro de su propia mente.
"¿Estás seguro que, tras esta noche, volverás a abrir los ojos?"
"Eso espero. Aunque, de no hacerlo, tampoco sería un problema."
Volk gruñó, mostrando sus enormes colmillos. El pelo de su lomo se había erizado completamente, sus orejas estaban gachas sobre la cabeza. Si no fuera porque sabía que no podían matarse entre ellos, hubiera salido huyendo.
"Tu cuerpo no es solo tuyo, Nao. Ya va siendo hora de que lo aprendas"
Tenía razón, lo sabía, pero todos aquellos meses en las que su única compañía había sido Lid, le habían pasado factura. Porque ni siquiera Volk se había molestado en presentarse durante tres plenilunios, único momento en el que podían verse cara a cara. Y sin el apoyo de Nyuka, sentía que se perdía cada día un poco más, que dejaba de ser él. Siempre había sido débil ante la soledad.

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