2/6/17

13. Metzili y Yue

Lid y Ellet aparecieron entre la maleza silenciosamente, como un par de espíritus. Lid levantó las orejas levemente, interpretando los suspiros del grupo. 
Así que aún seguían ahí los dos humanos, aquella hembra violenta y el crío raquítico.
Lloriqueó suavemente al oler la presencia dormida de Volk. Se acercó al enorme cuerpo inconsciente, dejando junto a él, el cuerpo muerto de un pequeño corzo que había cazado. Luego se acomodó contra la masa que formaba el cuerpo de su compañero y antes de apoyar la cabeza sobre su cuello para descansar, chupeteó la blanca oreja, en un gesto cariñoso.
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Aeryn había sido completamente consciente de cuando el enorme lobo alado entró en el campamento y se acostó junto a la bestia blanca. También fue consciente de que el amphietere se había deslizado suavemente por la zona, hasta enroscarse cómodamente alrededor de Axel, disminuyendo su tamaño lo suficiente para poder meterse entre sus ropas. La presencia de aquellos dos le recordó la ausencia de Heilen, y tuvo que contener las ganas de abrir su muñequera para rastrearlo. Normalmente su falta no era problema, pero se sentó en minoría con el hombre-lobo, las dos criaturas y Axel. 
Estaba pensando en eso cuando el joven se despertó e internó en la espesura durante un buen rato, hasta que volvió cargando algunas de las piezas que habrían caído en las trampas que pusieron horas atrás. Aunque estaba tumbada junto a Skeith, vio como acariciaba las orejas de ambos lobos y susurraba algo a la criatura negra, que lo miraba con unos enormes y brillantes ojos amarillos. 
Decidió dejar de hacerse la dormida en el momento en que Axel volvió a acomodarse contra el vientre del lobo blanco, los bultos bajo su ropa se removían de vez en cuando, como buscando posturas más cómodas, mientras que él desollaba algunos conejos y dejaba otros colgados de unas ramas bajas, desangrándose sobre cuencos. 
Cuando se sentó, amagando un bostezo y se estiró, desde el fondo de su alma, Axel le dedicó una mirada rápida desde su posición. Skeith se removió en sueños, murmurando algo. Aeryn sintió un leve tirón cuando cambió de postura para poder hablar más cómodamente con Axel, y al girarse, se dio cuenta que el joven había agarrado su camiseta suavemente en algún momento. Con un movimiento lento, para no despertarlo, se soltó. 
En silencio se acercó a Axel, aunque no se atrevió a sentarse junto a él.
- ¿Hace cuánto tiempo dijiste que habías recogido a ese chico? - el joven pelo-verde habló a la vez que ella finalmente decidió sentarse frente a él, a una distancia prudente, pero lo suficientemente cerca para no tener que levantar la voz.
- Deben de haber pasado unas dos semanas, el barco en el que subimos tardó bastante en tocar tierra.
Axel asintió, mientras agarraba firmemente el cadáver del conejo que tenía en ese momento entre sus manos y tiraba, firme pero suave de la piel del animal. Aeryn hizo un leve gesto con la boca, que no pasó desapercibido para el otro .
- Espero no estar quitándote las ganas de comer carne. - sonrió , burlón.
- En realidad no, no soy fanática del conejo. - respondió, incómoda.
Axel rió entre dientes, terminando de desollar a la pobre criatura. Ella tragó saliva cuando el animal pasó de ser un adorable peluchito a  un engendro sin piel. Y eso que lo veía a la tenue luz de la hoguera, combinado con la luna llena. Aunque quizá fuera por eso que el aspecto del cadáver era tan desagradable.
- Esto no es nada... mañana Nao dará un espectáculo dantesco cuando se despierte.
Aeryn  apartó los ojos del animal, para mirarlo a él.
- No entiendo a qué te refieres.
- ¿Os pasáis la vida encarcelando hombres-lobo, y no sabéis lo que ocurre cuando no dan rienda suelta a sus instintos? Ese es un nivel de desinterés tremendo.
- No trato directamente con hombres-lobo en mi trabajo. Y para que lo sepas, tampoco los odio. En mi familia siempre ha habido presencia de hombres-lobo, todo el mundo sabe que bien entrenado, uno de ellos puede guardar una mansión. Su presencia es necesaria en la sociedad.
Él levantó una ceja al oír aquello.
- Vaya, quién lo diría. Por como te has portado con mi amigo nunca hubiera averiguado que los tienes en tan alta estima.
Aeryn decidió pasar por alto el tono molesto de Axel.
- A pesar de mi trabajo - continuó, tratado de escoger bien sus palabras - no tengo mucho trato con licántropos salvajes, te lo acabo de decir. Ademas, si los que están domesticado son irascibles e impredecibles, ¿ellos? - refiriéndose a Nao y aquellos como él, supuso Axel. Aunque no entendió el tono interrogante - supongo, y sólo supongo, que serán aún... ¿más?
Axel había cogido otro conejo y abierto de un tajo una raja a la altura del cuello para continuar despellejándolo. Seguía sin comprender porqué ella preguntaba en vez de hablar, por lo que levantó un poco la vista de lo que estaba haciendo. Ella parecía algo insegura e incómoda con la conversación.
- Entonces, ¿qué quieres decir con espectáculo dantesco? - ella quiso cambiar rápidamente de tema. Aunque no fuera a uno agradable.
- No me gustaría arruinarte la sorpresa. Pero me temo que será demasiado para ti y, sobre todo, para él - señaló a Skeith, quién ingenuo a todo, continuaba durmiendo plácidamente en el saco de Aeryn. Axel se llevó un dedo manchado de sangre a la barbilla, dejando un pequeño camino dibujado desde su labio inferior hasta el final de ésta. - Sabes que los licántropos se transforman para dar rienda suelta a la bestia con la que cohabitan en su propio cuerpo, ¿no? Eso ocurre una vez cada mes con Yue* y una vez al año con la gran luna, Metzili*. Las transformaciones se rigen por los ciclos lunares, y los instintos más primitivos salen dependiendo del poder que tengan las lunas sobre ellos. Metzili ejerce una mayor atracción que Yue, por lo que algunos hombre-lobo pueden mantenerse conscientes durante sus plenilunios, cosa que con Metzili no ocurre, porque su control en ellos es absoluto. Según las leyendas, Metzili es el Espíritu Aire y Yue el Espíritu Agua. Y como el agua fluye por un arroyo, indiferente a todo, a Yue no le importa que los hombre-lobo vaguen como prefieran. Metzili solo está llena una vez al año, y por eso no da tanta libertad, porque según ella, bastante tienen con Yue. - Aeryn asintió, conocía esas leyendas, así que espero a que Axel continuara - Hay licántropos que deciden dormir durante el plenilunio de Metzili. Ya has visto, una poción especialmente preparada, y caen profundamente dormidos, no sueñan, no se mueven, ni siquiera captan si están en peligro o no. Ahora mismo podrías matarlo - señaló a Volk - de no ser porque estamos Lid, Ellet y yo para evitarlo. Pero eso a Metzili no le gusta, y como venganza, con su poder, impide que ninguna de las dos mentes tomen el control hasta que el cuerpo pruebe la carne.
Axel terminó el relato con voz de ultratumba y una sonrisa tétrica pintada en la cara. Aeryn ni siquiera se inmutó.
- ¿De qué tendría que preocuparme entonces? El plenilunio no es de Metzili - replicó. Era demasiado obvio que Axel sólo quería asustarla. La risita que soltó él a continuación, hizo que tuviera ganas de arrearle con uno de los troncos incandescentes de la hoguera.
- Metzili no tiene poder suficiente como para volver locos a los hombre-lobo mientras ella no está plena en el cielo, pero si que puede afectar a uno que haya decidido dormir durante el plenilunio de Yue, al fin y al cabo, son las lunas quienes controlan a estos seres.
Notas: 
Metzili y Yue significan luna en maya y chino, respectivamente. 
Los ciclos lunares de ambas son independientes la una de la otra, Yue lleva un curso "natural" respecto a nuestro mundo, mientras que Metzili tiene una rotación más lenta.
Tras mi desaparición de dos meses, aquí subo el décimotercer capítulo. Espero que os guste, intentaré subir el siguiente pronto.