24/7/17

20. Oh-oh

Ren se sentía más que dispuesto a cortarle la cabeza al inútil del sanador que le atendía las heridas en ese momento. Si no fuera porque andaban cortos de personal, no se lo hubiera pensado mucho antes de decapitarlo.
Entre el imbécil del sanador y la conversación, si es que se le podía llamar así, que había mantenido con Natair sobre las luchas por el poder, no tenía la paciencia suficiente para aguantar curas. Pero no le quedaba otra, o sacaba la bala de una vez, o acabaría perdiendo la pierna por culpa de la gangrena.
Apretó los dientes y los puños contra la camilla de la enfermería, sufriendo una sacudida involuntaria en todo el cuerpo después de que le rociase con antiséptico la herida abierta, antes de empezar a hurgar.
Su acompañante se apartó gruñendo, a pesar de que estaba sujetando con correas la pierna herida del joven alto mando a la camilla, para evitar aquello precisamente, él tenía tanta fuerza que corría el riesgo de soltarse. Y por desgracia no contaban con analgésicos ni sedante que disminuyeran el dolor, estaban reservadas para heridas importantes en gente importante.
Ren era alguien con relativa importancia dentro de la organización, pero había fracasado en su misión y librado de un castigo, así que no, no tenía derecho a los calmantes. Quizá si hubiese matado al Guardián, la caza-recompensas y el hombre reptil le hubieran perdonado los meses de retraso.
Gritó entre dientes cuando el curandero metió unas pinzas en la herida de bala, buscando el proyectil que todavía se alojaba en su carne.
•••••
Nao se cortó la palma de la mano con el cuchillo que había recogido junto al fuego. La sangre recorrió los dedos, manchándolos, mientras recitaba una retahíla de palabras en el Antiguo Lenguaje Sagrado. Después de unos segundos empezó a dibujar símbolos en la paredes de la entrada, acompañando los gestos con los cánticos rituales.
Aeryn observaba con la boca abierta como la sangre parecía relucir levemente antes de secarse sobre la roca. Echó un rápido vistazo a Axel, esperando encontrarle en las mismas condiciones, pero este se limitaba a remover con gesto aburrido y mucha lentitud el caldo que el licántropo le había mandado preparar. Tras él, la loba negra curioseaba sus movimientos, estirado el cuello por encima suyo, con las alas levemente abiertas y moviendo la nariz en círculos. La chica se sorprendió cuando descubrió a Heilen en las mismas, cotilleando con un ojo cerrado a Axel, en una postura completamente relajada desde su posición en la rama que se habían agenciado Ellet y él.
Nao no tardó mucho en levantar las barreras y, en vez de acercarse al fuego para descansar antes de una noche que predecía agotadora, fue directamente hacia Skeith para echarle un ojo. El chico vagaba entre leves hipotermias y fiebres, en ese momento temblaba ligeramente y se acurrucó contra su mano cuando le rozó la mejilla con los dedos. Nao echó las orejas hacia atrás y entrecerró los ojos, sintiendo el suave tacto de la piel ajena. Un gorgoteo satisfecho escapó de su garganta.
Y entonces Axel le tiró una piedra.
- Tenemos visita - susurró cuando el licántropo se giró hacia él molesto, pero en cuanto le escuchó miró hacia la entrada de la cueva. 
Lentamente se estiró hacia su arco, que había dejado a una distancia prudencial cuando se acomodaron en la grieta. Con paso lento, se fue acercando a la grieta, cargando el arco con una flecha, sin hacer ningún ruido. Axel estaba de pie, con una mano sujetando el mango de su katana con la misma expresión seria.
- ¿Qué ocurre? - preguntó Aeryn. Se incorporó en su sitio, llevando la mano a la culata de una de sus armas. 
De pie en la entrada, Nao se quedó inmóvil, conteniendo la respiración y con expresión tensa por lo que acechaba fuera. 
Una enorme criatura, similar a un ciervo pútrido y bípedo se paseaba de un lado a otro olfateando el aire. Lo primero que vio Nao fue un par de enormes muslos que se encargaban de levantar un par de enormes pezuñas negras. Los brazos se alargaban y retorcían, mientras las zarpas de tres dedos dibujaban un tétrico camino allí por donde se arrastraban. Las costillas y tripas estaban directamente descubiertas, se mantenían en su sitio gracias a una membrana de fascia. Lo más aterrador no era poder verle los intestinos, ni la grima que podían provocar las patas retorcidas y calvas, lo peor era la cara pútrida de ciervo de la criatura, un par de enormes colmillos se encajaban en la mandíbula inferior, un ojo estaba inyectado en sangre, al otro lo sustituía una cuenca vacía y sangrante. Un par de cuernos retorcidos coronaban su cabeza, con restos de borra pútrida escurriendo de ellos. 
Nao jadeó cuando reconoció a la criatura.
- Wendigo... - gruñó entre dientes. 
- No es posible - replicó Aeryn - los wendigos habitan latitudes más altas. Estamos demasiado al sur. 
- Ultimamente las criaturas oscuras no cumplen con los supuestos - contestó el licántropo - la destrucción de los Templos está acabando con el equilibrio, cada vez hay menos barreras que impidan su propagación. 
Aeryn se sorprendió al descubrir que estaban al tanto de la situación sobre los Templos en el interior de los bosques de Tierra. 
- Por la cara que tienes ahora mismo, diría que no te lo esperabas - río Nao. Axel se había ido acercando a él, con los músculos tensos, preparado para defenderse de la criatura que acechaba fuera. Con una sonrisilla, le recordó -. Soy un Guardián. La noche en que el asesino nos atacó, fue el culmen después de tres meses de tira y afloja con él. 
- No es el momento de hablar de esto - dijo Axel metiéndole un codazo a su amigo en el costado -. Despierta al crío e idos al fondo de la cueva - ordenó a Aeryn.
Ella frunció el ceño y estaba a punto de replicar, cuando vio a la criatura merodear rastreándolos. Aceptó que lo mejor en ese momento era poner a Skeith a salvo, así que procedió a despertarlo.
Gritó y cayó sobre Skeith, sorprendida por un chillido y un fuerte temblor. El joven moreno se revolvió bajo ella, asustado, incapaz de hacer nada más que manotear en vano. Aeryn miró hacia la entrada, reconociendo a la criatura. Era más fea de lo que esperaba, con los cachos de carne muerta colgándole de la boca y esas asquerosas pezuñas... Sacudió la cabeza y de un tirón llegó hasta el fondo de la cueva. Aprisionó a Skeith contra la pared y se dispuso a sacar su armamento pesado... Recordó que estaba en una cueva y que no podía disparar su bazuca  en sitios tan estrechos, por lo que cambio a un rifle de semiautomático y corto alcance que su padre adoraba usar para caza mayor y que a ella le vendría que ni pintado en aquella situación. 
Durante unos segundos, todo quedó en un silencio pesado y tenso mientras esperaban el siguiente asalto. 
La siguiente embestida vino seguida de otra en el mismo momento en que el primer wendigo se apartó. 
- La barrera no aguantará muchas más como esas - susurró el Guardián con el rostro tenso. Sentía los golpes como si se los estuvieran dando a él. 
Axel se centró un poco más, manteniendo la postura.
- Deshaz la barrera - dijo.
Nao le echó un rápido vistazo.
- Sí, cómo no. También podemos servirnos en una bandeja de plata y que nos sazonen a su gusto. Aunque yo quedaría un poco pasado, ya sabes, por eso de ser un licántropo y que la plata no me sienta muy bien.
- Servido o no, como sigas manteniendo la barrera en pie no vas a llegar al final de esto, prefiero que estés fresco para cuando entren. Y que sea lo que los Espíritus quieran.
Nao miró de nuevo al frente, con gesto serio asintió.
"Aeryn" Axel llamó mentalmente a la joven. De primeras ella dio un brinco en el sitio, sorprendida por la voz dentro de su cabeza.
- ¿Axel? - dijo en voz alta, extrañada. Él no la miraba, seguía en la misma postura, de cara a la entrada de la cueva. Skeith se colgó un poco de su ropa, asustado por las bestias que querían entrar.
"Sí" contestó la voz de nuevo dentro de su cabeza. "Nao va a romper la barrera en la próxima embestida. Caerán dos a la vez, y quedará un tercero que tardará un poco más. Ese es tuyo."
Ella tardó unos segundos en contestar.
- Cuando salgamos de esta, tenemos que sentarnos a hablar - susurró. Pudo adivinar una sonrisa divertida en él a pesar de que no le veía la cara. Dio por zanjado el tema mientras preparaba los recambios para el rifle. 
Preparándose, hincó una rodilla en el suelo y se llevó la culata del semiautomático al hombro, tratando de tener un buen campo de tiro para cuando apareciese su presa.
- ¡Ahora! - advirtió Nao cuando dejó caer las barreras. Como Axel había predicho dos wendigos cayeron en el interior de la cueva, tropezando uno con otro al no encontrar obstáculo en su camino. 
Aeryn sujetó con más firmeza el rifle, mientras Nao, quien se había quitado de en medio, trataba de  acertar sus disparos contra uno de los wendigo que se había levantado rápidamente y avanzaba hacia él, y Axel trataba de cortarle la cabeza al otro, que continuaba en el suelo pero se cubría con las patas delanteras mientras gruñía. Al final, de un zarpazo Axel acabó contra la pared de la cueva. Aeryn giró la cabeza hacia él, dispuesta a reventarle le cabeza de un tiro a la criatura, que ya saltaba con intenciones de acabar con la vida del joven, cuando entró el último wendigo, a paso lento y soltando vaho por la boca. 
Aeryn se vio obligada a olvidarse de apoyar a Axel en su pelea, reafirmando el agarre y apuntando el cañón de su rifle. Cuando tuvo tiro limpio disparó.  

21/7/17

19. Pesadilla

Aviso: violación de un personaje.
•••••
Cuando despertó no estaba en el mismo sitio en el que había caído dormido. Reconocía la pequeña habitación que tenía en el hotel de su padre, estaba tumbado en la cama que había ido apañando a lo largo de los años a partir de un colchón tan viejo que tuvo que quitarle los muelles y rellenarlo.
Se incorporó lentamente y, desalentado, pensó que todo había sido otro sueño de la anhelada libertad. A pesar de que el cuarto era pequeño, estaba lleno de la ropa que había usado para bailar y atraer clientes, la que su padre le había dado para poder sacar el máximo provecho de él y conseguir más y más dinero. Y debajo de esa ropa estaba escondido su tesoro más preciado, una fotografía de su madre. Quería coger la imagen y volver a ver su rostro antes de empezar la noche, pero la puerta se abrió con un chirrido y su piel se erizó al prever quién era.
- ¡Vamos! - fue lo único que dijo el recién llegado con voz de borracho. Y Skeith tuvo que obedecer. Salió del cuarto tras él y siguió sus pasos hacia su próximo cliente.
No tardaron en llegar a su destino, deteniéndose frente a la puerta de una de las habitaciones. Su padre le arrancó la camiseta raída y los viejos calzoncillos que usaba antes de mirar su cuerpo desnudo de arriba a abajo con gesto de desprecio.
No hacía tanto, Skeith había estado más gordo y rechoncho, había tenido un cuerpo más atractivo de lo que era ahora, pero tras un incidente su popularidad entre los clientes había ido cayendo y, de repente, nadie quería meterlo en su cama, a pesar de que aquello nunca le había gustado. A raíz de eso, su padre había dejado de darle las buenas comidas que hasta entonces tenía porque no ingresaba dinero. Ahora estaba cada vez más delgado y los pocos que lo contrataban pagaban muy poco por él. Skeith giró la cara, con los labios apretados y los ojos llorosos, aguantándose las lágrimas a duras penas. Si antes de aquello su vida ya era un infierno, ahora no podía considerarla siquiera como tal.
- Ya sabes lo que tienes que hacer - fue lo único que le dijo, trabándose con las palabras, antes de abrir la puerta y empujarlo dentro.
Frente a él había dos sujetos sin rostro. Uno alto, de constitución fuerte y cuya espalda era el doble que él. El otro era un algo más alto que Skeith, pero pesaba casi el triple y su tripa le caía sobre las caderas como un saco lleno de grasa. El sólo verlos ahí parados, esperándole, con la mueca de una sonrisa en sus rostros desdibujados, hizo que le temblaran las rodillas y que por su espalda empezara a recorrer un sudor frío y desagradable.
Recordando su trabajo se acercó a la enorme cama con pasos lentos, intentando atrasar aquello al máximo. Odiaba aquella habitación porque si no fuera suficiente con las vejaciones físicas y sexuales, le habían tocado dos babosos. Un par de homosexuales oprimidos que encontraban el placer subyugando a otros... Como todos.
Llegó junto a ellos, y el gordo enseguida le pasó una mano callosa y sudada por la cintura, sonriendo. Si no hubiera sido por los años que llevaba aguantando, se hubiera apartado con asco. En la cama habían colocado un juego bondage* de inmovilización completa, de cadenas y cuero, un antifaz de cuero negro y otro juego de pinzas para pezones y cockring*. Las pinzas se enganchaban a los piercings de aro que él usaba, así que probablemente las había escogido su padre. Por dentro se moría de ganas de llorar, pero no lo exteriorizó.
El alto se puso tras él, con el antifaz en las manos y no tardó en colocárselo. Tras ajustarlo, se pegó a él, restregando su pene duro y caliente contra su espalda baja. Sintió una boca y dedos juguetear con sus pezones, enganchando las pinzas a sus piercings y provocándole un violento estremecimiento que estuvo a punto de tirarlo al suelo. Ambos juguetearon en su pecho, pellizcando, mordiendo y tirando de las cadenillas que acababan de colgar de sus tetillas, provocándole suaves quejidos de dolor, mientras le llevaban las manos hacia la espalda y le colocaban las muñequeras de cuero. Entre sus dedos sintió el trozo de carne caliente. Lo cogió en un impulso aprendido con los años, subiendo y bajando los dedos por el tronco. Un ronco gemido en su oído le indicó que había acertado. Se estremeció ligeramente cuando metieron su pene flácido dentro del anillo de metal y tiraba ligeramente de sus pezones hacia abajo. Aunque no hablaron, supo que si no tenía una erección, algo peor le ocurriría.
Soltó un grito corto cuando de un tirón de la cadena que le colgaba del pecho, acabaron tirándole a la cama, aunque quedó arrodillado en el suelo y con medio cuerpo fuera. Sentía escozor y dolor en sus pezones por lo que aguantó la respiración durante unos segundos.
Sintió un cambio de peso en el colchón cuando el gordo se levantó y se colocó tras él. Podía sentir su enorme barriga aprisionarle y de nuevo un cacho de carne caliente contra su piel.
Escuchó risas burlonas y se tensó levemente cuando le ataron las tobilleras. Tragó saliva con fuerza y tratando de mantenerse activo levantó un poco el culo. Se ganó una fuerte cachetada en el muslo que le dejó marca.
Ya no sabía quién de los dos le agarró de la barbilla y metió un dedo entre sus labios y dientes, obligándole a separarlos y haciendo que se atragantase cuando le follaron la boca con fuerza. No podía sostenerse sobre las manos, así que acabó con la cara hundida contra el vientre de quién fuera al que le estaba haciendo sexo oral, ayudando a que la penetración fuese más profunda y dolorosa. Sin darle tregua, el otro se colocó entre sus piernas flexionadas y con un tirón de las cadenas, le obligó a sentarse sobre su polla, que se abrió camino en su interior no preparado. Escuchó un gemido gutural cuando cerró la garganta en un acto reflejo por el dolor, ninguno de los dos esperó a que se acostumbrara y se vio en medio de un duro vaivén que ayudaba a ambos a una penetración más profunda. Entrecerró los ojos mientras un par de lágrimas trataban de escapar rodando hacia sus mejillas, sin conseguirlo por el antifaz.
No tardaron en aburrirse y, tirándole del pelo, le obligaron a cambiar de postura. Las penetraciones se detuvieron un momento mientras le lanzaban de espaldas sobre la cama. Tenía los brazos bajo el cuerpo en una postura incómoda, las correas le obligaban a doblar las rodillas y apoyar las plantas de los pies contra el colchón. Los tipos se movían por la cama, los sentía acercándose a él como un par de depredadores. Sintió el peso de alguien más sobre su pecho y cómo le golpeaban la cara con algo largo y duro, instándole a abrir la boca de nuevo. Se tragó de nuevo el falo mientras le empotraban la cabeza contra el colchón con dureza. Apenas era capaz de respirar.
Levantó las caderas del colchón desesperado, moviendo los dedos y tratando de encontrar apoyo en algo, pero aquello sólo provocó que le metieran un vibrador por el culo. Gritó contra el cacho de carne, revolviéndose.
Escuchó risas y el sonido húmedo que provocaba el vibrador al entrar y salir, desgarrando su carne y manchando de sangre las sábanas. Pegó un brinco y escupió la polla cuando el juguete pasó de un leve masaje a un violento zumbido en lo más hondo de su colon, que le provocó unas ganas inmensas de vomitar.
Estaba a punto de soltar una patada cuando le arrearon un guantazo que le giró la cara sobre la almohada y le dejó la mejilla adormecida. Se habían acabado las contemplaciones. Le sujetaron contra la cama, soltando las muñequeras para dejarlo con un brazo extendido mientras él gritaba y suplicaba que lo soltaran, arañando lo que creía un brazo con la mano libre mientras seguía sin poder ver nada gracias al antifaz. Le obligaron a morderse el antebrazo para que se callara. Pero eso no evitó que pataleara con más fuerza cuando sintió un pinchazo en el interior del codo. No sabía si lo que escurría por la comisura de su boca eran lágrimas, sangre, saliva o una mezcla de las tres.
Cuando le sacaron la aguja del brazo, el agarre se relajó lo suficiente como para poder escabullirse hacia el suelo. Suponía qué era lo que le habían administrado, porque era algo a lo que tenían que recurrir a menudo y quiso escapar antes de que el afrodisíaco hiciera efecto y su cuerpo dejara de responder. Arrancándose la venda de los ojos, en un intento desesperado por huir, se dio cuenta que la sangre manchaba el interior de sus muslos y salpicaba el suelo desde su brazo, dejando un rastro tras él.
Por mucho que corriera, la salida parecía estar cada vez más y más lejos. Tras él ya no se hallaba la cama, si no una oscuridad abrumadora de la que salían brazos que trataban de arrastrarlo de vuelta.
Escuchaba a alguien gritar, pero no podía identificar a quién. Los brazos ya le había atrapado y le sujetaban contra el suelo mientras un cúmulo de voces resonaban en su cabeza, llamándolo por su nombre.
•••••
Nao llevaba horas dando vueltas junto a Lid. La loba le acorralaba contra la pared cada vez que se movía en sueños y él tenía que escalar su lomo para cambiar de sitio. Al final terminó con la cabeza de ella contra el costado y él completamente despatarrado en el suelo. Suspiró y cerró los ojos dispuestos a dormir cuando un grito y un cambio de presión en el ambiente le obligaron a incorporarse. Miró rápidamente a Axel, quien también se había despertado, y se giraron ambos en dirección de donde provenía el cúmulo de energía.
Lid, Ellett y el ave Roc de la cazarecompensas también se habían despertado y se removían inquietos, tratando de mantenerse lo más alejados posible. Lid gruñía como advertencia y trataba de evitar que Nao se acercase al origen del desequilibrio. Pero era imposible evitarlo porque había dos vidas en peligro y la sangre de Guardián de Nao le impedía dejar que nadie muriera si él estaba delante. Así que de un salto llegó junto a Aeryn, quien estaba medio adormilada, y Skeith, que gritaba y se revolvía en sueños, comenzando a cargar un exceso de magia en su cuerpo. De un empujón lanzó a la chica contra Axel, que la cogió al vuelo antes de que se chocara contra el suelo de la cueva. Una vez estuvo fuera de peligro, agarró a Skeith de los brazos, tratando de detener las violentas convulsiones que le provocaban el sueño y la energía acumulada.
Estaba agobiado, la única manera de que la magia se detuviera era dejarla salir, pero aquello podía matar a Skeith y provocar un desaste del que ellos también saldrían mal parados.
Con un gemido angustiado, sostuvo al chico entre sus brazos, con los gritos resonando en sus oídos, sintiendo su cuerpo revolviéndose contra su pecho.
Y fue entonces cuando un latigazo helado le golpeó. Skeith dejó de temblar repentinamente y sus gritos pararon en seco. La temperatura de la cueva cayó en picado varios grados y todo se cubrió de escarcha.
Cuando el golpe terminó, Nao jadeó tratando de recuperar la respiración. Escuchaba a Axel y Aeryn removerse tras él, pero lo que más le preocupaba era el cuerpo inmóvil que sujetaba contra su pecho. Al mirarse vio que tenía la piel de los brazos, el cuello y la cara cubiertos por una fina capa de escarcha y la camiseta estaba medio congelada. Supo que el suelo a su alrededor también estaba congelado y que por las paredes subía una fina capa de hielo. Se fijó en todo aquello porque le aterraba confirmar si Skeith seguía respirando. Escuchaba, como si estuviera debajo del agua, los gritos angustiados de Aeryn y a Axel tratando de calmarla, a Lid lloriquear y a Ellett arrastrarse buscando alguna zona libre de hielo.
Finalmente se armó de valor para mirar al chiquillo, y su corazón se estrujó de pena al ver el rostro pálido, los ojos entreabiertos y los labios morados.

18. El Relojero

En la distancia, era capaz de ver la isla flotante, la guarida del grupo terrorista del que formaba parte gracias a sus padres, fallecidos en una misión. Entre aquellos asesinos en serie había aprendido la crudeza del mundo, lo engañados que vivían todos aquellos estúpidos que magnificaban a los "Grandes Espíritus". Era una buena base de operaciones, los subordinados poblaban en la ladera del volcán dormido, cuanto más alto rango tuvieras, mejor y más cerca del cráter podías estar. Más cerca del jefe. Tan protegido y a la vez bajo el riesgo constante de cometer alguna infracción que te llevaría de nuevo a lomás bajo. O a la muerte, quién sabía.
Dark aterrizó suavemente y con toda la elegancia de la que era capaz una criatura como ella en una de las plataformas prepagadas. En cuanto lo hizo, Ren desmontó a duras penas. La herida en la pierna le estaba jodiendo vivo. Después de dar esquinazo a ese maldito ave Roc, continúo volando tres días más hasta llegar a su destino, la isla que nunca estaba dos veces en el mismo sitio y que si no fuera por el contrato mágico al que estaban unidos todos los miembros del grupo, sería imposible de localizar. 
Dudó entre ir a la enfermería y que arreglaran el desastre que se le había formado en la pierna por culpa de aquella estúpida caza-recompensas ingenua, o pasar directamente a informar a su jefe sobre el fracaso de la misión, aunque probablemente ya sabía lo mal que le había ido. Con un suspiro decidió que era mejor no arriesgarse a un severo y doloroso castigo y se dirigió hacia la central, situada en el interior del volcán inactivo en la isla.
No tardó mucho en llegar a su destino, a pesar de las heridas que le impedían moverse con comodidad, entrando por una de las modernas puertas que guardaban la base.
Hizo el saludo oficial a su compañero, quien le mandó esperar de pie, frente a la entrada del despacho del líder.
Mientras estaba allí, repasaba lo ocurrido días atrás, durante su misión.
Llevaba siguiendo los pasos de ese maldito Guardián desde hacía meses, el muy desgraciado tenía una gran habilidad para escabullirse y huir, hasta esa noche no había sido capaz de acercarse lo suficiente como para llegar a atacarle, y entre aquella asquerosa y estúpida cazadora, y el desgraciado cabrón que se había unido a su presa pocos días antes, no había sido capaz de completar una misión tan simple como matarlo. Suspiró de nuevo, exasperado, hastiado de la situación. Tanto tiempo fuera de casa para nada.
Volvía con las manos vacías, él, quién era considerado el mejor en lo que hacía, quién completaba y cumplía sus misiones con rapidez y un cuidado extremo, había perdido ante una chica y un tío raro. Veía constantemente, cada vez que parpadea, como el Guardián cambiaba su expresión soberbia a una de miedo al darse cuenta que ya lo tenía, lo tenía... un gruñido de rabia se escapó de su garganta a la vez que el guarda le daba permiso para pasar.
Rápidamente se puso en pie, sacudió su ropa nerviosamente y entró.
El Relojero estaba asomado, de manera intimidante a la ventana que le permitía vigilar sus dominios, con los brazos cruzados tras la espalda, cubierto con una túnica que le cubría entero, la capucha tapaba su rostro y no se la bajó cuando se giró para mirarle directamente a los ojos. A pesar de no poder verle la cara, sintió un escalofrío que le recorrió desde la cabeza a la punta de los pies.
- Ren - su nombre resonó en la estancia, un suave silbido que le puso los pelos de punta. - Por fin has vuelto.
Él tragó saliva.
- Sí, mi señor. - con respeto y algo intimidado, hincó una rodilla en el suelo y apoyó el puño contrario paralelo a esta. Agachó la cabeza en un gesto de sumisión y fijó los ojos en el suelo.
Sintió más que oyó como su jefe se acercaba a él y muy a duras penas pudo contener un brinco de sorpresa cuando posó la mano en su hombro. Contuvo la respiración durante un par de segundos.
- Llevas tanto tiempo fuera... espero que hayas cumplido tu misión... - Ren tragó saliva, sintió una gota de sido recorrer su rostro con lentitud. - Sin duda tras tantos meses te ha tenido que dar tiempo a completar hasta las misiones de tus compañeros... ¿no? - sintió su mano subir hacia su mejilla, los dedos estaban helados. Volvió a tragar con fuerza, aguantando las emociones como le habían enseñado desde que era un crío, como se debía hacer cuando se estaba en presencia de El Relojero.
- Mi señor... fracasé en mi misión... - una mano como una garra se cerró en torno a su cuello.
- ¿Qué?
- Hubo... complicaciones... - trataba de mantener la compostura y a la vez meter aire en sus pulmones - el Guardián... se unió a... otro híbrido y a una... caza-recompensas... - la presión en su garganta iba en aumento, casi no podía respirar. Sujetó la muñeca, tratando de apartarla, y en el momento en que lo hizo se dio cuenta de su error. Tremendo error.
El Relojero le lanzó contra el suelo sin ningún cuidado, Ren tosió ya llevó la mano a la garganta cuando se sintió libre. Un segundo después, los pies descalzos de su jefe aparecieron en su campo de visión. 
Apretó los labios mientras esperaba lo que sin duda sería un castigo ejemplar... que nunca llegó. La puerta se abrió con un portazo que resonó en toda la sala, y el sonido de tacones hizo eco.
- Padre - dijo la recién llegada. Ren reconoció la voz, pero no se atrevió a moverse ni un milímetro. No tardó mucho tiempo en darse cuenta de su presencia y sonreír.
- Natair - respondió en tono suave. 
Ella miró prepotente, desde su posición, al mercenario tirado en el suelo, con una ligera sonrisa.
- Mis misiones asignadas han sido completadas con éxito, los Sacerdotes y Guardianes del Templo del Agua de Heraklion han sido eliminados sin novedad. Según mis cálculos, el recuento de Templos que quedan en pie es menor a cuarenta, lo que supone que aún quedan por eliminar una centena de Sacerdotes y al menos otra de Guardianes. Aunque contando con la presencia de Ren aquí, después de tanto tiempo ausente, debo suponer que ya deben estar casi todos  aniquilados.  - Natair se movió para poder mirar a Ren a la cara, con una sonrisa encantadoramente falsa - ¿No es así?
Él apretó los labios y resopló con fuerza. Ella lo sabía, sabía que había fallado y lo único que le faltaba era tener a su futura prometida metiendo el dedo en la llaga.
- Largaos - ordenó El Relojero de repente y con tono aburrido. Sacudió una mano en el aire para dar más énfasis a la orden. Ren sabía que podría pretender estar tranquilo, pero clavarte un puñal en cuanto te dieras la vuelta, así que procurando disimular el dolor que le producía la herida de la pierna, se levanta e hizo una reverencia. Natair le imitó, mucho más calmada y, sin darle la espalda y con la cabeza baja, los dos se dirigieron a la salida. 
No se irguieron hasta que las puertas se cerraron frente a ellos. Ren se permitió entonces suspirar de dolor y cansancio, con los ojos cerrados. Cuando volvió a abrirlos Natair le miraba 

※※※※※
Notas:
Disculpad las faltas de ortografía, estoy escribiendo en la tablet de mi tía y no me manejo muy bien con ella. Corregiré en cuanto pueda.
Natair (Nathair en realidad) significa serpiente en irlandés.

17. Aeryn explota

Su puño se movió antes de que su cerebro pudiera siquiera procesar la orden.
Inmediatamente después, sintió el doloroso choque de su puño contra la mandíbula de Axel. Había sido como si hubiera golpeado una plancha de metal templado y se sorprendió al darse cuenta que había conseguido cruzarle la cara. Todo un éxito, considerando que si no tenía los nudillos rotos, por lo menos estarían dislocados. Luchó consigo misma por mantener la misma expresión a pesar del dolor.
Como a cámara lenta se apartó del joven, quien la miraba por el rabillo del ojo con una mezcla de sorpresa y rabia. Aeryn respiraba con dificultad, sin poder creerse que realmente hubiera perdido el control de aquella manera, pero era pensar en sus palabras... su brazo volvió a levantarse sin que ella lo ordenara, dispuesto a desencajarle la mandíbula al muy gilipollas esta vez. Pero no lo hizo.
Primero, porque era consciente de que si volvía a agredirle, él respondería y por mucho entrenamiento que tuviera, Axel era un hombre enorme, fornido y aunque tuviera cinturón negro en varias artes marciales, no estaba muy segura de poder derribarlo o contenerlo.
Segundo y quizá lo principal, el licántropo la había agarrado de la muñeca, impidiéndole cualquier movimiento. Además estaba poniéndola nerviosa, no apartaba la vista de ella, la miraba fijamente como si hubiera descubierto una extraña criatura nunca antes vista. Con una sacudida, liberó su mano con un gesto difícil de descifrar. Se giró para enfrentar a Axel.
- No voy a abandonar a Skeith. Ni voy a permitir que nadie lo mate o abandone. Vosotros idos por vuestro lado y olvídate de que te preste mi ayuda. No sé cómo he podido pensar en fiarme de vosotros. Sois dos monstruos. - con un movimiento brusco, se giró de nuevo, esta vez hacia Nao, y le arrancó al chico de los brazos. De repente parecía mucho más ligero. Tragó en seco al notar su palidez y ojos fuertemente cerrados.
Echó a andar, sin tener ni idea de adónde iba. Tenía que encontrar algún sitio donde poder esconderse y tratar a Skeith. Las poblaciones estaban demasiado alejadas y no se atrevía a montar a Heilen con el chico en ese estado.
Se había internado en el frondoso bosque y perdido en cómo solucionar sus problemas durante el tiempo suficiente para desorientarse de nuevo. Mientras se desesperaba e insultaba a si misma por su incompetencia y falta de juicio, un crujido detrás suyo llamó su atención.
Rápidamente y sin soltar a Skeith, consiguió girarse y sacar una pistola de su cinturón para defenderse de lo que fuera que la acechaba en las sombras. No tuvo tiempo a maldecirse por su nuevo despiste.
Pero su sorpresa fue mayúscula al encontrarse con los dos enormes tíos a los que había abandonado hacía un rato. Frunció el ceño, amenazante antes de preguntar:
- ¿Qué hacéis aquí?
Ninguno de los dos dijo nada inmediatamente. Tampoco se miraron entre ellos, ni trataron de explicarse.
Finalmente fue Axel quién respondió.
- Un caballero no abandona a una dama a su suerte en territorio desconocido. - dijo como si eso sirviera de excusa.
Aeryn inspiró con fuerza, con las paletillas de la nariz separadas por el nuevo y repentino cabreo que le habían provocado.
- Si has venido por eso ya puedes irte. No intentes arreglar el haber querido matar a Skeith con algo así, porque yo no soy ninguna dama en apuros - miró a Nao con el ceño fruncido y los ojos ardiendo de rabia-. Largaos de aquí. Ahora. ¡YA!
Ninguno se movió de su sitio. Continuaban mirándola fijamente, Axel parecía ligeramente avergonzado y Nao... No. Él no la miraba a ella. No apartaba la vista del bulto que llevaba entre sus brazos. Inconscientemente apretó al chico contra su pecho con fuerza, queriendo que el licántropo apartara los ojos.
Con un suave suspiro el licántropo estiró los brazos hacia ella y le arrebató a Skeith. En cuanto lo hizo adelantó a la joven, sin dejarle opción a hacer otra cosa que seguirle.
Axel iba el último, una sombra silenciosa, en comparación con la loba alada, que iba delante pegando saltos con la lengua fuera, guiando el camino.
Aeryn variaba su atención entre la ruta de ciervos que estaban siguiendo y el chico inconsciente en brazos del hombre-lobo. Cada vez se iban adentrando más y más en el bosque, haciendo complicado seguir el paso por las ramas que se cruzaban en su camino, enredándose en su pelo y raspándole la piel allí donde la ropa no cubría. Entendió de repente porque aquellos dos iban con camisetas y pantalones largos.
Ya había pasado de medio día cuando Lid desapareció tras una loma durante unos segundos. Aeryn pensó que iría tras algún animalillo, ya que la cantidad de madrigueras cavadas en el suelo había aumentado conforme avanzaban. No se sorprendió cuando asomó la cabeza y llamó con un suave aullido a Nao. Él se giró hacia ella para acercarse, agacharse y saltar para seguirla.
Aeryn soltó una exclamación al perderle de vista y se abalanzó en su búsqueda al pasar los segundos y no ver que no aparecían. Casi chocaron cuando este volvió a aparecer sin Skeith en brazos. Estaba al borde de un ataque de nervios por no verlo, quiso gritar al licántropo, pero este le extendió la mano.
- Ten cuidado al bajar, la tierra está suelta y puedes resbalar.
Aquella respuesta la dejó descolocada un instante e hizo que se avergonzara de su histeria, así que para disimular un poco miró bajo el terraplén en el que se encontraba y descubrió la entrada a una caverna, lo suficientemente alta como para que los dos tíos que la acompañaban no tuvieran que agacharse y tan ancha que un lobo alado podría pasar sin problemas si se arrastraba.
Con expresión incómoda miró al hombre-lobo, pero él no le devolvió la mirada, parecía estar más interesado en escrutar la zona. Aeryn declinó su ayuda al fijarse que aún tenía la mano extendida hacia ella y saltó sola, aterrizando hábilmente en el suelo frente a la entrada, con la cabeza alta se adentró en la cueva, tratando de no demostrar su incomodidad, por lo que no fue consciente que el licántropo miró furibundo a Axel cuando este se acercó, dispuesto a entrar tras ella.
Una vez todos estuvieron dentro, Aeryn encendió una pequeña linterna de bolsillo de luz blanca, y sonrió para sí al escuchar un par de gruñidos de desagrado provenientes de la entrada. Estaba dispuesta a encender un fuego, pero sólo después de buscar a Skeith y examinar el sitio. Descubrió al chico instantes después, acurrucado con la espalda contra una de las paredes de la cueva. Tras él se encontraba una enorme masa oscura, que reconoció como la loba alada. Parecía estar examinando la cueva, olfateando todos los rincones y escarbando algunas zonas. El suelo parecía de compost* prensado y tenía un tacto suave y levemente cálido.
Cuando se giró para terminar de reconocer la cueva, se encontró con los dos hombres acomodándose cada uno en una pared. Lid terminó de investigar para ir junto a Nao, quien se había echado en la entrada de la cueva, tras extender su saco de dormir. Aeryn aprovechó para acercarse a Skeith, estirando su propio saco antes de acostarlo a él.
Poco después un fuego chisporroteaba a una distancia prudente de la entrada, con un recipiente con agua puesta a hervir para preparar la cena. Ellett se había acomodado en unas piedras calientes que Axel había sacado hacía poco del interior de la fogata, mientras que Heilen aprovechaba la raíz de algún árbol. Ambos dormitaban semivigilantes y parecían haber dejado la guardia a las dos figuras que custodiaban la entrada, tumbados uno junto a la otra, con los ojos clavados en algún punto de la grieta, aunque ambos estaban tranquilos a pesar de no apartar sus insistentes miradas de la entrada. Aeryn no estaba muy segura de que era lo que estaban viendo, porque ella desde luego que solo podía ver el montón de ramas y hojas de los árboles frente a ellos y, conforme pasaban los minutos, ni siquiera eso.
Skeith había pasado de la inconsciencia al sueño un par de horas atrás, por lo que sacó un sobre de comida deshidratada alta en nutrientes que guardaba para casos de urgencia. Le despertó con un ligero meneo y le ofreció la barrita fuera de su envoltorio. Sin poner muchas pegas el pequeño moreno se la llevó a la boca y la masticó con pocas ganas y con mucha lentitud. Aeryn se apenó al ver lo poco que le gustaba comer al chico. Y sintió la preocupación crecer, ya que, aunque estaba igual de delgado que cuando lo rescató hacía un par de semanas, iba perdiendo el ánimo con el paso de los días. Le entregó su cantimplora con agua para que bebiera, y él lo hizo con las mismas ganas con las que había comido. Se aguantó las ganas de acariciarle la sien y apartarle el pelo, ya que aunque no rechazaba el contacto, veía cómo se encogía de miedo cuando intentaba acariciarlo. Y a pesar de todo, buscaba aferrarse a alguien mientras dormía.
El silencio dominó el ambiente una vez Skeith dejó de masticar. Aeryn miró rápidamente por encima del hombro a los otros dos, quienes no se habían dirigido la palabra en horas. Quiso no preocuparse mucho por aquello, ya que estaba dispuesta a largarse definitivamente una vez que Skeith estuviera en condiciones de continuar.
El licántropo no tardó en sentir que lo miraba y clavó sus ojos en ella antes de levantarse y acercarse con la bolsa de cuero en la que llevaba los remedios que había estado utilizando para curar las heridas de Skeith. Éste se dejo hacer, completamente sumiso, obedeciendo rápidamente y sin rechistar a las órdenes del hombre-lobo.
Aeryn sentía admiración contenida al ver la eficacia con la que limpiaba, curaba y vendaba las heridas el hombre-lobo, aunque ella se considerara una persona rápida a la hora de usar sus conocimientos en medicina, él lo era más.
Cuando terminó con los pies de Skeith, Nao quiso acercar la mano a su frente, pero sólo consiguió que este se encogiera contra la pared. Aeryn le oyó suspirar suavemente.
- ¿Qué quieres hacerle? - sonó más borde de lo que quería, pero Nao no o no lo notó, o simplemente lo ignoró.
- Las heridas de los pies ya están prácticamente desinfectadas, con reposo durante un par de días le bajará la fiebre y podremos ponernos en marcha de nuevo. - dijo aquello mirando a Axel, y parecía buscar una nueva discusión, aunque el pelo-verde le ignoró deliberadamente.
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Notas:
Compost: también llamado composto o composta, es un abono orgánico que se obtiene de compuestos que forman o formaron parte de seres vivos en un conjunto de productos de origen animal y vegetal. Derivan del latín, compositus que significa, "poner junto"Fuente: Wikipedia.
Aeryn puede parecer una histérica, pero no está pasando por su mejor momento. Antes de salir en esta misión era la mejor en todas sus asignaturas, la niña favorita de sus profesores, el ojito derecho de sus padres. Superaba con creces las prácticas para ser caza-recompensas, y sin comerlo ni beberlo, se ha visto lanzada en una misión casi imposible, cuidando de una persona a la que rescató sin pensarlo mucho y acompañada de dos completos extraños a los que no entiende por no tener la misma ideología que le han inculcado a ella.

6/7/17

16. La discusión

Estaban a algo más de un día del pueblo costero o aldea más cercano, y Aeryn ya se encontraba mentalmente agotada.
Axel iba por delante, dirigiendo el camino y balbuceando algo sobre lo lento que avanzaban y el retraso considerable que llevaban para abordar un barco y largarse del Continentes. Y algo sobre Skeith que no llegaba a entender porque no hablaba lo suficientemente alto.
Seguramente había sido ahí cuando decidió dejar de prestar atención y simplemente seguir avanzando en automático mientras ayudaba a Skeith a caminar.
Llevaba ya un rato recapitulando lo ocurrido en las últimas horas, tratando de mantener la mente ocupada en otras cosas y poder ignorar las constantes quejas de Axel y el peso extra de Skeith.
Poco después de despertar el licántropo y de la extraña "presentación", Heilen había aterrizado, sano y salvo, en medio del campamento, con el plumaje algo estropeado y jadeante.
El motivo de casi tres noches de ausencia, había sido para perseguir al fugitivo y su quimera. Y, a pesar de todo, no había podido averiguar mucho más que hacia donde se dirigía.
Según las investigaciones del caso, el sur del Continente Tierra no tenía nada de importancia o valor para la sociedad en la que trabajaban él y varios otros terroristas. Los templos de la zona, o habían sido destruidos, o ya habían sido deshabitados.
Encima el desgraciado no se había detenido para nada en el viaje, ni siquiera para tomarse un respiro o atender las heridas causadas por Aeryn. A la mitad del segundo día Heilen había decidido dar la vuelta y volver con su humana para informar. Por supuesto que las noticias no habían sido bien recibidas por la rubia, a quien la situación ya empezaba a frustrar. Deseaba de corazón que las heridas se le infectaran y muriera lo suficientemente cerca de alguna ciudad poblada para informar el fallecimiento de un fugitivo peligroso en estado de busca y captura. Así su misión acabaría y podría volver a casa de una maldita vez y dedicarse a otras cosas que no incluyeran extraños tíos de pelo verde que le obligaba a tocar el pecho de licántropos aleatorios. 
Y cuánto más lo pensaba, menos podía evitar arrepentirse y sentir la vergüenza de que se le hubiera escapado su primera presa importante de aquella manera, cuando prácticamente ya la tenía. Había fallado, y de la manera más absurda en la que podía fallar un caza-recompensas de una familia tan importante como la suya. Había fallado a sus padres, quienes le habían dado la mejor educación, quienes habían contratado a los mejores profesores en investigación, psicología y medicina para que su carrera como caza-recompensas tuviera el futuro más brillante. Y ahora, ahí estaba, pactando en clara desventaja con un par de armarios empotrados, ¿Podía ser peor?
Sacudió la cabeza para deshacerse de aquellos pensamientos pesimistas y volver al presente. Habían avanzado muy poco, ya que las heridas de Skeith retrasaba el ritmo de todos, a pesar de que el hombre-lobo las había curado antes de salir. Le había costado bastante aceptar que el licántropo había hecho un buen trabajo desinfectando y cubriendo las laceraciones con un cuidado y suavidad que nunca se hubiera imaginado de una criatura como aquella, desde luego que los licántropos que ella conocía no hubieran sido tan cuidadosos. Sujetó con fuerza a Skeith cuando tropezó, quejándose levemente.
Axel, sin girarse, gruñó. El chico le sacaba de quicio y mermaba lo que él consideraba una paciencia infinita.
- ¿Necesitas parar? – preguntó Aeryn en voz baja, ignorando al otro deliberadamente. El joven jadeaba del esfuerzo, a pesar de que no lo había hecho antes. Sin detenerse, se impulsó usando los brazos de la chica, mientras negaba con la cabeza.
Aeryn empezaba a sentir una cierta admiración hacia el moreno. Había estado esforzándose para seguirle el paso a ella primero, y ahora a los otros dos, que tenían un ritmo mil veces más ligero. Pero algo no iba bien. Sudaba y su mueca escondía algo más que cansancio. Le obligó a parar y al hacerlo, sus piernas cedieron, provocando que Aeryn perdiera el agarre sobre él. Fue Nao quien evitó que se estampara contra el suelo, atrapándolo instantes antes de que se estrellara.
- Tiene fiebre. Necesita descansar – dijo el licántropo serio, tras cargarlo en sus brazos y rozar la frente empapada en sudor del moreno, dirigiendo su vista directamente a Axel. Este le devolvió la mirada, impasible.
Si algo había aprendido Aeryn durante su etapa de entrenamiento en las distintas luchas y las prácticas, era que cuando dos tíos de ese tamaño se enfrentaban, lo mejor que podía pasar era que la discusión acabara en gritos, sin pasar a mayores. De repente tuvo la imperiosa necesidad de ser ella quién sujetara a Skeith, para que no estuviera en medio de la pelea que estaba a punto de empezar. Pero el licántropo lo envolvió más entre sus brazos, apretando el frágil cuerpo del contra el suyo. Skeith, quien había cerrado los ojos por la fiebre y el cansancio, y trataba de mantenerse inmóvil, gimoteó al sentir el apretón .
- Déjalo entre unos matojos y continuemos nuestro camino – Aeryn aún se encontraba planeando cómo liberar a Skeith de los brazos del hombre-lobo, cuando escuchó a Axel soltar aquello, como si nada. – Algún animal agradecerá tener la cena servida sin tener que esforzarse.
Aquello hizo que Nao gruñera furioso. Aeryn se quedó boquiabierta, se suponía que Axel era una persona algo más decente y no tan... cruel.
- Atrévete a repetirlo – siseó Nao entre dientes – Pero cómo lo hagas, vamos a tener un problema.
Aeryn estaba segura de que segundos antes el licántropo no era tan sumamente grande.
Cualquier otra persona con dos dedos de frente o quizá un mínimo de sentido común o, mejor aún, ambos, hubiera retrocedido enseguida ante la imagen del enorme hombre-lobo. Pero Axel no era ningún cualquiera, conocía a Nao desde mucho antes que cualquier otro, por lo que su imponente figura no le impresionaban en lo más mínimo, por mucho musculito que sacara, aunque le amenazara con gruñidos y mostrara sus enormes colmillos.
- Como no me has entendido, lo repetiré – dijo con un peligroso tono de voz – Deja al puto crío. Abandónalo. En el mejor de los casos la caza-recompensas se quedará con él. Pero estoy seguro que en el fondo sabe que es una carga. Igual que tú. Si no quieres que sufra rómpele el cuello. – Axel había ido acercando sus rostros conforme hablaba y en ese momento se encontraba a milímetros de rozar la punta de la nariz de Nao con la suya. Siempre acababan discutiendo por lo mismo, el afán de Nao por ayudar animalillos indefensos. En ese caso, chiquillos inconscientes.
El licántropo expulsó el aire por la nariz, como un toro a punto de embestir. Apretaba los labios, formando una delgada línea, y atraía el cuerpo de Skeith al suyo. Miraba con odio a Axel, aunque a él parecía no importarle.
Aeryn nunca se imaginó que acabara poniéndose de parte de un hombre-lobo, pero no pensaba abandonar a Skeith a su suerte. Y para cuidarlo necesitaría ayuda, porque a pesar de su arsenal, no guardaba tanto material médico en los compartimentos mágicos de su corsé. Lentamente se colocó junto al licántropo, queriendo enfrentarse a Axel, pero algo en la postura y sobre todo en sus ojos del pelo verde, hacía que las rodillas le temblaran. Cuando dirigió una rápida mirada al rostro del hombre-lobo, vio como este también temblaba, pero de furia contenida, como si estuviera tratando de no arrearle un guantazo. O arrancarle la cabeza como al conejo de aquella mañana.
- Seguimos retrasándonos por su culpa. Ya le has ayudado bastante, Nao – Axel señaló el cuerpecillo tembloroso -. ¿Quieres ayudarle? Remátalo y déjaselo a los carroñeros. Va a morir de todas formas.
Aeryn chilló, horrorizada. Axel le dedicó una mirada impasible antes de volver a prestar atención a Nao.
- Estoy harto de ir tan lento, y estoy seguro de que tú también. Si fuéramos solos ya estaríamos en un barco camino al Continente Fuego.
- Siento recordarte que fuiste TÚ el que accedió a viajar con ellos y que YO no quería saber nada – siseó el licántropo como respuesta -. Así que apechuga con tus decisiones – levantó un poco a Skeith para hacer notar su presencia -. El chico se queda.
El que gruñó ahora fue Axel, quien ya estaba empezando a superar sus límites. Quiso clavarle el dedo en el pecho a Nao, para recriminarle, pero su enfado aumentó cuando él se movió ligeramente para evitar que se rozara al chico.


- Deshazte de él. Ahora. - su tono no admitía réplica.

15. Miedo

Axel hablaba con voz suave, mientras estiraba la mano hacia uno de los conejos.
Nao aún estaba desorientado y gruñía por instinto. Lid, tras él, hacía ligeros ruiditos para tranquilizar a su compañero.
Estaba pegado a él y lo envolvía levemente con las patas, pasando el morro por su espalda, atrayendo la calma hacia el manojo de instintos salvajes que era ahora el licántropo.
Con un gesto lento, Axel movió el conejo delante de las narices de Nao. Este lo siguió con la mirada, sin moverse un milímetro, esperando, acechando.
Cuando el joven pelo verde tiró el cadáver al suelo, cerca de la mano del licántropo, este se abalanzó y lo agarro entre sus garras. De un movimiento, arrancó la cabeza, pero la desechó rápidamente, buscando algo más tierno.
Lid seguía con los arrumacos, esperando que Nao quisiera su presa, mientras el pelo plata desmembraba lo que, no hacía tanto, fue un vivaz conejo.
Una vez triturados los huesos, volvió a prestar atención a la cabeza desechada, aunque no parecía muy convencido.
Decidió sorber los ojos y aplastar el pequeño cráneo para tragarse el cerebro.
Luego miró al pelo verde, esperando más. Y él se lo concedió. Le lanzó otros dos conejos, que desaparecieron rápidamente en las profundidades de su estómago.
Axel estaba relativamente tranquilo, Nao estaba más enfocado en la comida que en Aeryn y Skeith, quienes más preocupaban al joven. Se giró para vigilar que ninguno hiciera un movimiento o ruido innecesario, sabía por experiencia que hasta que el licántropo no recuperase por completo la cordura, ninguno estaba a salvo. Ni siquiera él mismo.
Lo primero que vio, fue que Aeryn no le había hecho caso. Observaba con los ojos como platos la escena y, si no hacia ningún ruido, era claramente porque estaba en shock. Axel quiso levantarse y darle la vuelta para que no siguiera mirando, pero un movimiento en falso y todo se iría a la mierda.
Entonces ella le miró a él con expresión aterrada y la boca abierta por la impresión. Axel le hizo un gesto rápido con la mano, instándola a apartar la mirada. Pero Aeryn no obedecía. Por supuesto que no...
Skeith se removió entre los brazos de Aeryn, inquieto ante el nerviosismo de ella.
Consiguió asomar la cabeza, para ver de donde provenían aquellos desagradables sonidos que llevaba escuchando un rato. También quería saber qué había pasado con el enorme lobo blanco que había dormido con ellos.
Aeryn, al sentir que Skeith había conseguido librarse de su agarre, intentó abrazarlo de nuevo contra su pecho, pero fue demasiado tarde.
El chico gritó al ver la escena.
Y el licántropo levantó bruscamente la cabeza, con una una pata del conejo que había estado masticando, colgando entre sus dientes.
La joven se apresuró a taparle la boca al moreno, a quien se le saltaban un par de lágrimas por el miedo.
Axel gruñó, agachándose y preparándose para saltar sobre su amigo. Pero no hizo falta. Cuando miró a Nao a los ojos, supo que Metzili ya no tenia ninguna influencia sobre él.
- ¿Qué ha pasado? - preguntó, llevándose una mano a la cabeza, y tragándose el cacho de carne que le había estado colgando ese rato de entre los dientes.
- Que te has comido tres conejos - simplificó Axel -. Y que has recuperado la cordura justo a tiempo. Estabas a punto de comerte a Skeith. Nada nuevo - Axel se encogió de hombros, restándole importancia a todo aquello.
Skeith tembló ante aquella confirmación, mientras Nao miró a su alrededor.
- Aah - suspiró exasperado al ver a los dos humanos con expresiones de horror en el rostro. La de Skeith le dolió; por alguna extraña e ilógica razón, esperaba que el chico no se espantase al verle "en su máximo esplendor". Aunque era normal, teniendo en cuenta que era la primera vez que el pobre chaval veía un hombre-lobo. Y encima coincidía que aquella noche Metzili no le había dejado escapar. Magnífica suerte la suya.
•••••
Axel quería hacer de mediador entre una aterrada Aeryn y un Nao recién levantado, iban a viajar juntos unos días, y a la relación solo se le estaban sumando puntos negativos. Y ni siquiera había empezado.
- Es la misma criatura que tocaste antes - decidió abordar el tema sensible de hacía un rato -. Es el mismo corazón el que late ahora. No puedes juzgarlo solo por unas cuantas malas impresiones.
- ¿Unas cuantas malas impresiones? - susurró Aeryn en respuesta. Por los Espíritus, aún tenía trozos de carne masticada y restos de sangre en la barbilla y el pecho desnudo. Eso no era sólo una mala impresión.
Axel se giró hacia Nao, queriendo que al menos él entrará en razón, pero se lo encontró con la boca abierta.
- ¿Has dicho "tocaste"? - preguntó, con la voz una octava más aguda de lo normal -. ¿Me ha tocado mientras estaba inconsciente?
La cara de Axel era un poema. ¿Realmente era ese el mayor problema en ese momento? ¿Un par de caricias en su forma de lobo?
- Estabas inconsciente y era un buen momento para acabar con las malas relaciones. - trató de argumentar.
Nao se levantó, indignado y con gesto dramático.
- ¡Pero yo estaba sedado!
- Por supuesto que lo estabas. No te hubieras dejado de otra forma.
- Me siento violado - se quejó el licántropo, llevándose el dorso de la mano a la frente-. Me ha tocado un humano mientras estaba incapacitado para decir nada en contra. ¿Donde estaba Lid en ese momento para defenderme?
- Ella no me lo impidió en ningún momento.
Nao se volvió hacia la loba, dolido.
- ¡Tu! - gruñó, acusándola con un dedo - ¡Traidora!
Lid no entendía el significado de "traidora", tampoco porque estaba discutiendo Nao. Lo que si entendía es que él había ignorado por completo el corzo que le había cazado, después de un día entero.
Apartó la mirada con desprecio, con las orejas gachas y el labio levemente fruncido.
Nao se quedo boquiabierto.
"¿Y tú por qué te enfadas?" preguntó "No te estaría regañando si hubieses impedido la situación desde un principio."
La loba se levantó y cogió entre sus colmillos el corzo.
"Me llevo el corzo" dijo, indignada "Y no lo vas a probar" se dio la vuelta, con la cola bien alta, asegurándose de enseñarle el culo, antes de alejarse.
- ¡¿Y qué tiene que ver el corzo en todo esto?! ¡Lid! - el licántropo no lo entendía.
Todo había comenzado con una discusión sobre la humana invadiendo su espacio personal mientras estaba bajo el efecto de sedantes y ahora Lid se marchaba indignada con un corzo que no había visto nunca en la boca.
La situación se había salido de control y no tenía sentido alguno.
Nao continuaba mirando boquiabierto por donde la loba se había alejado.
Axel se cubría los ojos con una mano, y quién menos entendía todo aquello era Aeryn, mientras seguía abrazando a un tembloroso y traumatizado Skeith, tratando de encontrar la lógica.
Finalmente, Axel se puso serio, harto de todo aquello. Ordenó al licántropo que se quedara en el sitio, y fue hacia Aeryn. Ella no pudo retroceder, no sin soltar al chico que protegía entre sus brazos. Axel la agarró del brazo, con fuerza y la obligó a levantarse. Algo en su mirada la hizo obedecer, así que dejó a un asustado Skeith y se dejó llevar.
Axel se detuvo frente a Nao, antes de cogerla, esta vez, de la mano. Con una mirada advirtió al licántropo que no se moviera, mientras tiraba de la mano de Aeryn hacia su pecho. El licántropo no pudo contener un gruñidito, pero no enseñó los dientes. Aeryn sintió la cercanía del caliente cuerpo contrario, luchó un poco para apartarse, pero el agarre de Axel era como el metal y no sirvió de nada. Sin quererlo, sus ojos se cruzaron, Aeryn vio en la profundidad de los ojos plateados la misma desconfianza y miedo que ella sentía. Y aquello le sorprendió más que el haber sentido su corazón. Porque los hombre-lobo siempre miraban con odio a los humanos, nunca se hubiera imaginado que bajo aquella máscara, pudiera haber otra clase de sentimientos ocultos. Se sobresaltó al sentir la piel del contrario contra la suya, Axel apresaba su mano contra el pecho del licántropo. Sintió de nuevo el bombeo constante del corazón, pero esta vez se iba acelerando conforme pasaban los segundos. La respiración del otro se agitó, su pecho se movía rápidamente hacia arriba y hacia abajo, podía escucharlo jadear.
Las piernas de Nao no fueron capaces de sostenerlo mucho más y acabó sentado en el suelo, con las pupilas dilatadas y la boca entreabierta.