16/9/17

29. De excursión

Nao tenía a Skeith adormilado encima, mientras le sujetaba la cinturilla de su pantalón como si fuese un salvavidas y hundía la cara en su pecho desnudo. Axel no apartaba la mirada de ellos, tenía el ceño fruncido y parecía querer decir algo.
Con un suspiro el licántropo acostó al chico en la cama, acariciando suavemente su sien cuando este entreabrió los ojos por el movimiento.
"¿Otra vez?" Refunfuñó Axel dentro de su cabeza.
- ¿Qué quieres decir con otra vez? - fue su respuesta.
"Vas a acabar con otro problema de dependencia" Axel daba vueltas por la habitación.
Nao suspiró. Que las ultimas diez veces que se había hecho cargo de animalillos heridos hubiese sufrido lo indecible cuando murieron, no quería decir que esta vez sería igual. Además, este no estaba para morirse, como todos los anteriores.
"No, este no está para morirse, pero eso no quiere decir que te encariñes mucho con él. Cuando nos hayamos habituado al Continente Fuego, nosotros seguiremos otro camino."
Hacía años que el licántropo se había acostumbrado a que Axel respondiera directamente a sus pensamientos. Y por supuesto, era capaz de bloquearle el acceso a su cabeza, como ahora, mientras rumiaba en silencio, tratando de encontrar la mejor manera para decirle lo que pensaba.
- No estoy seguro de que separarnos sea la mejor idea - dijo al final, con tono pausado, tratando de leer las expresiones de su amigo mientras hablaba.
La cara de Axel pasó de una divertida incredulidad, a un cabreo monumental, en un lapso de tres segundos. De un movimiento brusco levantó el brazo sobre su cabeza, con el puño cerrado, aguantando las ganas de arrearle. Nao se quedó impasible ante él, viendo cómo cerraba los ojos y se obligaba a bajar el brazo de nuevo.
¿Qué? - escupió, en voz alta y contenida.
- Que creo que no deberíamos separarnos de ellos.
- ¿Por qué?
- Piénsalo... ¿en serio crees que tu y yo - para enfatizar, su dedo los señaló a ambos - seremos capaces de habituarnos a los Continentes superiores? ¿Cuando ni hemos podido entrar a una ciudad sin ayuda? He visto como te temblaban las rodillas cuando esa multitud ha aparecido frente a nosotros.
Axel frunció el ceño, incapaz de negar aquello.
- No nos conviene separarnos, pelo planta - añadió.
- ¿Esto es por el chiquillo? - gruñó el otro, sus hombros temblaban ligeramente.
El licántropo se giró levemente para mirar por encima del hombro al susodicho. Estaba seguro de que iba a necesitar ayuda que probablemente Aeryn no sabría darle, tenía que aprender a controlar su magia y liberarla si no lograba realizar los hechizos básicos. Y tenía que superar, ante todo, las barreras que se pondría inconscientemente por todos los años de miedo y supresión que había sufrido, ¿cómo iba a dejarlo antes de eso?
Sí, cierto. Era incapaz de separar sus sentimientos personales cuando trataba de ayudar a otros. Acababa echo polvo emocionalmente cuando sus protegidos terminaban muertos o cuando estaban tan psicológicamente destrozados que el hecho de vivir sólo lo complicaba todo. Pero era algo que no podía evitar, porque su naturaleza, esa misma que había llevado a sus propios padres y a su hermana hacia la muerte, le obligaba a proteger y cuidar. Y al contrario que su familia, él no tenía un Templo que guardar, por lo que su instinto buscaba desesperadamente algo que lo sustituyera.
Finalmente Axel suspiró y se dejó caer en el suelo su lado, apoyando la cabeza en el colchón. Nao se escurrió hasta el suelo también, imitando la postura de su amigo, con las piernas estiradas y la cabeza contra la cama. Suspiraron a la vez.
"Tengo la sensación de que a pesar de todo, no quieres salir del Continente"
No, no quiero. Pero no queda de otra - se miraron por el rabillo del ojo antes de que el pecho de Axel volviera a subir y bajar en una honda respiración.
"¿Por qué no me lo habías dicho?"
- Ya lo viste, ¿no? Ese tío, el de la otra noche. Era la primera vez que conseguía atacarme directamente, pero durante semanas estuvo poniéndome en apuros, tuve que abandonar mis bosques porque siempre conseguía encontrarnos. Tuve... - se atragantó con sus siguientes palabras - tuve que dejar a Nyuka atrás.
El hombre-serpiente le dio un par de golpecitos en el antebrazo, empezando a comprender la situación.
Dejar atrás a su madre adoptiva era, probablemente, lo que más le estaba costando al licántropo. Y de alguna forma había algo que de le escapaba de todo aquello. Se sumieron en un tenso silencio, recapacitando. 
Poco después la puerta del baño se abrió y el olor a champú inundó la habitación.
Perezosamente, ambos hombres giraron la cabeza para mirar a Aeryn, quien acababa de salir de una ducha eterna, con su melena rubia recogida en una trenza que le llegaba hasta el
culo. Tenía la ropa que llevaba puesta antes de entrar al baño colgada de un brazo, y se había cambiado por un cómodo pijama que, al igual que el cuero que usaba, poco dejaba a la imaginación; la camiseta de tirantes se ajustaba a su pecho, quedando holgada por debajo de este, mostrando sus abdominales desarrollados. Unos cortos pantaloncitos, que Axel hubiera catalogado más como bragas, dejaban al descubierto sus piernas.
Nao apartó la vista casi enseguida, desinteresado, pero él se quedó mirando unos segundos más, con las pupilas dilatadas y tuvo que obligarse a girar la cabeza en otra dirección cuando ella gesticuló una amenaza que incluía algo así como cortar sus genitales.
"Te odia" ronroneó divertido Nao, con una ligera sonrisa pintada en la cara. Como única contestación le dio una patada en la pierna después de levantarsede y volver al viejo sofá.
•••••
Al día siguiente se levantaron temprano ante la insistencia de Aeryn para pasear un poco por el mercadillo y encontrarle ropa a Skeith antes de ir al puerto. Aunque tras colocarles el bozal tuvo que llevar a rastras a los dos enormes hombres-bestia y cargar todo el camino con la expresión acongojada en el rostro del moreno.
- Ya sé que no estoy siendo muy de fiar - dijo cuando llegaron a la amplia calle, que por las horas tempranas estaba poco transitada y con los puestos a rebosar -. Pero no os iba a hacer pasar de nuevo por lo mismo que ayer.
Los tres le dedicaron miradas agradecidas antes de echar a andar por el centro de la calle, parándose en algunos puestos. Al principio Axel y Nao vagaron de un lado a otro, curioseando algunos puestos, hasta que los guardas urbanos y los propios tenderos les empezaron a lanzar miradas amenazantes y llevar las manos a las armas que colgaban de sus cinturones. Cuando uno de los vigilantes estuvo a punto de sacar su espada corta cuando pasaron junto a él, Aeryn les obligó a seguir tras ella, en el trabajo de escoltas que les había atribuido.
Axel se detuvo detrás de Aeryn, quién curioseaba un puesto de ropa, buscando algunas prendas, se acercaba a Skeith para probárselas rápidamente por encima, y volvía a dejarlas en su sitio.
"Son demasiado obvios" refunfuñó cuando las miraditas amenazantes pasaron a ser de asco.
Nao volvió sobre sus pasos al darse cuenta que se había adelantado.
"Y tú quieres que nos alejemos de ella" contestó, sonriéndole ligeramente a un incómodo Skeith que aguantaba estoicamente prueba tras prueba de ropa. "Si esto es así en el mismo Continente del que proceden los hombres-bestia, no quiero saber cómo será allá arriba." Se inclinó ligeramente sobre los dos jóvenes, con ojo crítico.
- Ya que le vas a conseguir ropa, busca algo más adecuado a su especie - comentó.
Aeryn le siguió, curiosa, cuando se acercó a un puesto con intenciones de acercarle una prenda que había visto, pero tuvo que tirar de él cuando el tendero le amenazó con una navaja de plata. Por lo intempestivo de la situación, Nao gruñó bajo el bozal y no sé lanzó sobre el humano porque la joven se metió rápidamente en medio, apoyando ligeramente una mano sobre la mesa. Axel no tardó mucho en echarle un brazo por encima de los hombros al licántropo, como método urgente y disimulado para contenerlo, antes de tirar ligeramente de él para apartarlo.
Iban a darse la vuelta y dejarle el asunto a la joven,cuando la navaja del tendero se clavó con un ruido sordo en la tabla de la mesa del puesto, peligrosamente cerca de la mano de la rubia; al pobre desgraciado se le había ocurrido que así podría amenazar a Aeryn por ser una irresponsable al dejar vagar dos hombres-bestia libremente por el mercado durante toda la mañana.
Aeryn lo sujetó por la muñeca y de un movimiento le dobló el brazo hacia atrás, casi partiéndole el brazo con la llave.
- Vuelve a hacer eso y te juro que la próxima vez que amenaces a un caza-recompensas con una vieja navaja, lo que menos te va a importar es que sus hombres-bestia estén pululando libremente por el mercado... - le soltó el brazo con un movimiento brusco y una mirada amenazante, para después girarse y empujar a sus tres acompañantes hasta salir del mercado.
•••••

14/9/17

01. A Journey Begins

Nao sloped off through the brushes while the other men were walking beside. He didn’t make any noise and his silver eyes followed those chaps until the forest swallowed them. After they disappeared, he came out and kept on walking aimlessly. A big black wolf trotted after him. The animal slightly pushed his arms to get his attention and looked up to the crown of the trees covering the sky. Nao did so glimpsing the Suns already setting down. With a tired sigh, Nao prepared himself to look for somewhere good to spend the night.

---

They woke up early and after hunting the breakfast and the lunch for that day, they parted. Lid, the black female wolf, was before him, jumping around, trying to catch the insects that stepped on her way. The seaport was several days away and he had no time to spare.

At noon they stopped to rest nearby a stream. While Nao kept his head underwater to freshen up, someone else arrived without him noticing. Suddenly, he felt how he was pushed and fell in the water.

Nao turned around thinking it had been Lid when he saw a guy around his age, green dark hair and whose eyes resembled the color of the trees when it was raining. Nao frowned and showed his teeth.

“Axel...” he growled.

“Hi there, Nao”, answered the other guy smiling happily, as if it was the most normal thing in the world.  

“What the hell are you doing here, you damned plant-hair?”

Axel smiled a little bit more and came close to him while reaching out his hand. The young silver-haired boy stared suspiciously at his hand as his eyebrows made a “V” shape. Finally, he reached out his own hand to accept the other, but before he was fully up or he had any balance, the green-haired guy let go of him and Nao fell on his butt this time.

Nao looked at Axel with hatred while he was laughing and apologizing. Nao stood up on his own. Then, he sat on the bank, the furthest away he could be from the other to show him his annoyance.

Lid jumped into the water running after a great snake with green manes and emerald scales. Both young men watched as the animals played and twisted.

“If your dog eats my snake, I will tear your skin apart”, it was a subtle threat which both men knew was never going to happen.

“What are you doing so far away from home, weirdo?”

“What about you, dreary beast?”, he rose his eyes from the floor. Clouds were lazily passing by over their heads and the Suns were shining brightly. “For several months ago I felt the Old man was setting too many limits. He’s trying to hide something from me and I want to know what is it. What I don’t understand is what is the Old woman’s little kid doing so far away from his safety zone.”, he answered eventually.

“Something dangerous has been chasing me for weeks. It even put me in some difficult situations a couple times. It wasn’t safe to stay there, so I decided to keep myself moving.”

Nao had lit a fire before drinking water and he had skewered a wolverine with a stick. He offered a thigh to Axel who reluctantly accepted it. The both ate quietly and once they finished, they packed up and look for the way which would lead them to the seaport.

“What the hell are you doing following me?”, growled the silver-haired boy.

“I’m not following you, I just happen to have the same destination as you and this way is faster.”

Nao looked at him making a displeased face, upset. Axel was used to his foul mood, they went way back and he loved to make him furious. Lid and the snake were playing behind them. Although the snake seemed more likely to want to attack the wolf who was jumping over her and throwing her up to the sky. Axel turned around and watched the scene.

“Make that damned wolf leave Elett alone. Or she’s gonnal get a good bite.”

Nao slightly turned his head. Axel expected to hear some kind of growl or the silver-haired one to say something, but it didn’t happen. Lid run forward to come back to Nao’s side, her tongue slipping out.

“Where are you going?”, asked Axel after a while.

“That’s not your business”, grumbled Nao back without looking at him.

“I think I’m going to go up”, answered back, trying to distinguish the dark shadow of the Continent of Fire flying above them.

Nao followed his eyes, thoughtful.

“What for?”, he asked, unsettled.

“Are you afraid of seeing world?”, Axel made mock of him, a smile on his face.

“I have never been out of this woods... How come you expect me to wish to leave the Continent?”




------

This story’s been translated by my sister. She will kindly receive any constructives comments on her translations as they will help her improve for the future. Remember to keep it nice, too! Thank you for your help!

11/9/17

28. Preguntas

Capítulo 1: Empieza un viaje

Skeith tamborileó nerviosamente los dedos desnudos de sus pies contra la cama al darse cuenta de que estaba siendo observado. El silencio se estaba volviendo incómodo y Nao no parecía dispuesto a decir nada. Frunció un poco el ceño y se reacomodó, apoyándose en los brazos y quedando momentáneamente desprotegido.
Nao también cambio de postura, subiéndose a la cama y sentándose con las piernas cruzadas frente a él. Skeith sintió de alguna manera que ya no podía volver a esconderse, aunque al menos podía usar iba rodilla como escudo, ya que la otra la había apoyado contra la cama al reacomodarse.
Nao sonrío de medio lado, triunfal, al saber que Skeith no podía volver a su postura inicial. Volvió a atacar los pies de Skeith, rozando la piel con la yema de sus dedos. El moreno intentó escaparse, pero la pared se lo impedía.
Levantó la vista, asustado al no poder huir, pero los ojos de Nao no indicaban nada que pudiera interpretar como peligroso. Durante unos segundos, se mantuvieron así; Nao parecía tener la vista perdida mientras seguía acariciando sus pies y él se dejaba hacer, aún tenso al no saber que esperar.
- Se me ha ocurrido un juego - la voz del licántropo rompió el silencio. Oh, no. Odiaba los juegos, todos los que conocía incluían maltrato físico o psicológico. Y por supuesto, quién siempre salía malparado, era él. Tragó saliva, esperando a que el licántropo empezase a hablar -. Es un juego de preguntas. Tú escoges una de mis cicatrices y yo te cuento cómo me la hice. Luego yo te pregunto por una de las tuyas y me contestas. Podemos decidir no contestar, pero si lo hacemos, hay que ser sinceros.
El moreno no estaba muy seguro de querer contarle las historias detrás de las cicatrices de sus muñecas o de los largos berrugones que tenía en la espalda, fruto de torturas que preferiría olvidar, pero sentía una profunda curiosidad acerca del pasado escrito en el cuerpo marcado de Nao, así que aceptó, asintiendo con la cabeza.
- Tú empiezas - el licántropo le dio permiso para ser él quien preguntara primero, estirando la espalda, dejando a la vista las marcas en su piel.
Tras unos segundos, señaló la cicatriz que le deformaba el pecho, casi rozándola con el dedo.
- Ésta, ¿qué pasó? - preguntó con la boca apoyada en la rodilla y mirando la marca fijamente. Como no contestó inmediatamente, levantó los ojos, para encontrarse con que Nao tenía el ceño fruncido. Abrió la boca para decir algo, cuando el licántropo suspiró pesadamente.
- Cambiaré mi pregunta... - se apresuró a decir, asustado de lo que pudiera hacerle al haberse sobrepasado.
- Eres muy aburrido - refunfuñó. Skeith sintió como su corazón latía entre asustado y nervioso -. Con la cantidad de cicatrices que tengo y escoges una con una historia aburrida - se mantuvo en silencio unos segundos, poniendo en orden sus pensamientos, mientras jugueteaba con los dedos de los pies del moreno -. Fue un lince, - contestó finalmente - en las peleas. Tuvimos que enfrentarnos a muerte y, aunque lo maté yo, dio tanta guerra que me desfiguró. De un zarpazo me arrancó un buen trozo de pecho y estuvo a punto de desgarrarme la yugular - echó la cabeza a un lado, dejando ver otra cicatriz en el cuello.
Y Skeith se quejaba de infancia difícil... por lo menos a él no le habían intentado rajar el cuello... sólo asfixiarle para que su cuerpo se tensará más y proporcionar más placer.
- Me toca - ronroneó Nao, con una sonrisa que mostraba la punta de sus colmillos. Skeith esperó que le pidiera que se quitase la camiseta para poder examinarle y preguntar. Pero sólo levantó un poco su pie y acarició las pequeñas heridas que decoraban tanto la planta como el empeine -. Éstas.
Hablando de cicatrices aburridas... Espera, no. Mejor responder sobre aquellas marcas que de las que decoraban el resto de su cuerpo.
- La mayoría son marcas de cigarrillos... creo. Al principio había veces en las que me amordazaban o tapaban los ojos y sentía como me pinchaban y clavaban cosas en los pies. Lo hacían para que no pudiera escapar por las heridas, fue el método que usaron mientras crecía... - dio un respingo cuando la mano de Nao subió hasta su tobillo. Hacía un poco de presión, como si le estuviera dando un masaje.
Skeith se quedó estático, sin respirar mientras sus manos seguían subiendo por sus pantorrillas, pero no llegó nunca a superar la rodilla. Cuando las rozaba, sus manos volvían a escurrirse hasta los dedos.
Llevaban ya un buen rato en silencio, cuando Axel salió del baño, ya vestido y con cara de fastidio, a la vez entraba Aeryn en la habitación con una bandeja cargada de distintos platos de comida.
Skeith los miró a ambos, sintiéndose como si le hubieran descubierto haciendo algo que no debía.
- Aeryn... - susurró.
Ella dejó la bandeja en la mesilla de noche antes de acercarse , con el ceño fruncido para tratar de averiguar que estaba haciendo el enorme licántropo para que Skeith tuviese esa cara de culpabilidad. Se encontró con una mirada cansina y las manos de Nao haciéndole un masaje en las piernas. Sólo por asegurarse preguntó:
- ¿Qué haces?
- Estábamos hablando - Skeith se apresuró a asentir con la cabeza. No hacía tanto, la rubia había montado en cólera cuando el licántropo le curó las heridas abiertas en sus pies.
- ¿Qué le pasa en los pies?
- Es un masaje - Nao estaba decidido a seguir moviendo los dedos sobre las piernas del chico pero el olor a comida caliente se había esparcido por la habitación. Axel y él gruñeron ansiosos y miraron directamente a la bandeja.
Aeryn repartió los platos, dos de ellos servidos con un par de filetes pasados y poco hechos que apestaban, otro con un poco de pollo y verduras que se había pedido y otro cargado de puré de verduras para Skeith.
Al entregarle sus raciones a Axel y Nao, no pudo evitar una mueca de asco al oler la comida. Pero ellos no le hicieron el feo y se la tragaron en un momento, sin apenas masticar.
- Sí que teníais hambre, sí - dijo medio sonriendo la rubia. Se volvió hacia Skeith, quién se estaba llevando una cucharada del puré a la boca. Y después otra. Y otra. Aeryn sentía que los ojos le hacían chiribitas de sólo verlo comer. Quiso preguntarle, pero tenía miedo que si lo hacía, volviese a sentirse cohibido.
Una vez terminaron todos de cenar, con Nao royendo los restos del hueso de pollo que ella había dejado, movieron el sofá para poder mirarse a la cara mientras hablaban. Aunque Aeryn no estaba muy segura de que el pobre mueble fuese a aguantar los casi 200 kilos de peso que probablemente sumaban entre los dos.
Aeryn se giró levemente hacia Skeith, mirándolo directamente a los ojos. El chico se sintió intimidado cuando de repente tres pares de ojos se fijaron únicamente en él. Otra vez.
Axel y Nao tenían las rodillas doblas y los brazos colgando de estas, con los dedos de las manos entrelazados y las espaldas inclinadas hacia delante. Aeryn tenía una pierna debajo del cuerpo, la otra colgando por el lateral de la cama y las manos apoyadas en el viejo colchón, impaciente. Los tres tenían expresiones serias, con ceños levemente fruncidos.
- Skeith, sólo queremos preguntarte una cosa...
- ¿Tiene qué ver con el juego de preguntas? - miró a Nao inseguro.
- No - respondió el licántropo, con suave firmeza.
- Dijiste que sólo preguntarías con el juego.
Nao levantó una ceja, sorprendido.
- Yo no dije eso en ningún momento.
Skeith retrocedió en la cama, sintiéndose atacado.
- No quiero responder - la voz le salió temblorosa, sintiendo que no podía ganar aquella discusión. Como nada en su patética y miserable vida.
- Skeith, no tiene nada que ver sobre tus cicatrices... probablemente - Aeryn se interpuso, tratando de guiar la conversación de vuelta a su cauce, pero el moreno llegó a oír aquella ultima palabra que había sido susurrada.
- No quiero responder - rogó con la mirada. De tanto retroceder, chocó contra la pared.
Nao trató de acercarse, con la mano extendida hacia él y, por primera vez, lo sintió una amenaza. Su cuerpo temblaba, sentía como algo iba cargándose en su interior. Algo a lo que siempre había temido y que había estado ignorando durante mucho tiempo. Algo que salía en momentos de crisis.
- No me toques - pudo decir. Quería evitar como fuera aquello que empezaba a descontrolarse -. No te acerques más.
- Ratoncillo, cálmate - a pesar de que la voz del hombre-lobo salió suave, con un mote cariñoso, sus palabras tuvieron el efecto contrario.
Conforme más se acercaba la mano de Nao, más atrapado se sentía. Cuando estaba a punto de rozarle, de un manotazo la apartó. Pero provocó que aquello que se había cargado repentinamente en su cuerpo, pasara violentamente hacia el licántropo, haciendo que este apartara el brazo bruscamente.
Se quedaron en silencio mientras terminaban de asimilar la situación.
Skeith lo había echo otra vez. Nao se miraba la mano, había recibido una fuerte descarga eléctrica que hubiera provocado un fallo cardiaco a una persona normal, pero que a él le había provocado una pequeña quemadura.
- ¡Lo siento! - chilló, al darse cuenta de que había herido a un licántropo. A un hombre enorme que podría partirle la cara con un dedo. Las lágrimas escurrían por sus mejillas. Necesitaba desesperadamente que lo perdonaran, porque no estaba seguro de que su mente soportara una paliza infligida por aquel grupo con el que se había llegado a sentido cómodo - ¡Lo siento! ¡No lo volveré a hacer! !Lo controlaré!
- Es un Oprimido - Axel fue el primero en hablar. Se había levantado y examinaba la mano de su amigo con ojo crítico.
- No pasa nada, sólo ha sido un calambrazo - respondió Nao a la muda preocupación del pelo verde. Luego añadió con voz suave -. Es más poderoso de lo que parece.
Aeryn se había quedado sin habla. Realmente no había creído que la explosión mágica que sufrieron un par de noches atrás hubiera sido culpa de Skeith. Es decir, Tierra era un Continente cargado de energía mágica elemental, con grandes burbujas de mágia repartidas por todo el territorio. ¡Podían reventar en cualquier momento! Pero resulta que había sido realmente Skeith, a quién no sólo había alcanzado la explosión de lleno, sino que había sido el causante directo... Realmente nunca lo hubiera imaginado, que el pobre puto que rescató era, además, un brujo oprimido.
No dijo nada cuando Nao arrastró a Skeith hacia su pecho, susurrando en voz baja mientras el moreno seguía llorando y rogando perdón. Podía ver cómo seguían saltando algunas chispas allí donde sus pieles entraban en contacto.
- Por favor... - susurró Skeith al oído del lobo, hipando, agotado ya de llorar y gastar energía - perdóname. No puedo controlarlo...
Él lo acunó suavemente, metiendo los dedos entre los largos mechones de pelo oscuro para que su cabeza quedase contra su pecho. El chico sacaba a relucir ese instinto natural y protector que como licántropo tenía hacía los suyos, y como Guardián se acentuaba.
- Respira hondo - dijo. A duras penas Skeith pudo obedecer, con jadeos entrecortados por el llanto -. Estos pocos voltios no me van a herir, respira hondo y buscaremos la manera de que puedas controlar tu magia. No hay nada de malo en que la uses.
Skeith no se había dado cuenta que llevaba toda la vida deseando escuchar aquello. Su madre, en un intento de protegerlo, le había pedido que nunca hiciera uso de su poder y cuando su padre lo descubrió, le había dado una paliza que casi le había matado. Pero no siempre pudo controlarlo y en más de una ocasión había herido a alguno de los puteros con los que se había visto obligado a acostarse, recibiendo no sólo más palizas, si no peores clientes con oscuros y dolorosos fetiches.
Aferrado a Nao, escuchando el latido de su corazón, con su olor envolviéndole lentamente y una calmada energía, sentía que quizá, con la ayuda de aquel extraño grupo que en ningún momento le había obligado a nada, realmente podría llegar a ser él mismo y no una triste marioneta sexual.