31/8/11

En la oscuridad

Me pasé la noche encogido contra la puerta. Cuando llegó el momento de ir a clase me costó horrores levantarme del suelo, coger la mochila y emprender el camino hacia la escuela.
Con cada paso que daba, sentía como una lágrima caía por mi mejilla.
Cada poco tiempo, tenía que parar a descansar. Nadie se paraba a ayudarme, y mucho menos, a mirarme.
Lloraba de dolor y rabia. Mis padres se habían pasado, me dolía todo el cuerpo, y no le importo absolutamente a nadie.
Me dejo caer en un callejón, llorando desesperado.
Me paso el día ahí escondido, no intento levantarme, mi mochila esta enterrada entre los restos de un cubo de basura que se ha caido cuando alguien ha pasado.
De alguna manera, consigo levantarme. Vuelvo a casa en un estado lamentable, no he recogido mi mochila, ni los libros, estoy manchado de grasa y huelo fatal.
Con paso lento, encogido aún, y con las mejillas marcadas por los surcos de mis lágrimas, llamo a la puerta de casa. Mis llaves están en un bolsillo de la mochila.
La puerta se abre, veo como mi madre vuelve a la cocina, sin prestarme atención.
Yo, como puedo, me encierro en el baño y me meto en la ducha.
Quizá empaparme en el agua me pueda ralajar.
Al desvestirme, no presto atención a las oscuras marcas sobre mi cuerpo, ni a la enrojecida mejilla.

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