6/7/17

14. Regresión

Nao llevaba flotando, con los brazos y las piernas colgando de su cuerpo inerte, lo que le parecieron horas. Volk, por su parte, se había hecho un ovillo y descansaba tranquilamente y sin inmutarse. Probablemente debía agradecerle a Nyuka la cantidad de horas que lo había tenido sentado, solo y sin hacer nada. Así había ido desarrollado su paciencia durante años. A parte de servir para acechar presas y elegir los mejores momentos en los que saltar a la caza, le venían genial para aquellas horas muertas en las que lo único que le quedaba, era esperar a que los soles salieran.
Volk suspiraba de vez en cuando, y Nao no tenía muy claro si estaba dormido, o evitándolo. Probablemente lo segundo, por lo que se sorprendió al sentir que se dirigía a él al hablar.
"Estaba pensando... Esa humana parece muy apetitosa, ¿no?"
Por supuesto que iba a hablarle, después de horas, para eso, para comentar el apetecible aspecto que tenía algo.
"Sólo piensas en comer" replicó "De todas formas, a ti cualquier cosa que este cubierta de carne te parece apetitosa"
"No puedes vivir sin respirar" el lobo levantó la vista levemente, como si su argumento fuera válido. "Y eso no es verdad. El chico que la acompaña parece una rama. Ni siquiera despierta mi apetito."
"Respirar y comer son necesarios en medidas diferentes" respondió, rodando los ojos. "Puedes vivir varias semanas sin comer, pero no llegas a minutos sin respirar." De alguna forma, echaba de menos discutir de esa manera con Volk. Siempre tenían opiniones diferentes. Aunque coincidía con él, en lo que refería a Skeith.
El chico se había llevado el susto de su vida cuando le vio quitarse la esposa y acercarse a él, pero no se movió cuando, tratando de sonar suave y compresivo, le había dicho que no usera.
Skeith parecía obedecer por inercia, como si fuera un perro entrenado.
Dio un leve brinco cuando la cabeza de Volk apareció junto a él, parecía que el animal no quería que lo ignorasen. Alguien se había sentido sólo aquellos meses también. Sólo se estaba haciendo el duro.
Al fin y al cabo, los humanos y los lobos compartían muchas características, ambos eran animales gregarios* y disfrutaban de la compañía de otros.
Nao bajó los pies y de un movimiento rodeó el hocico del animal con los brazos. Volk se revolvió un poco, pero acabó cediendo. Con suavidad, Nao pasó la mano por la peluda mejilla, siguiendo el camino hacia el final de la enorme mandíbula, donde dudó si subir a la oreja o continuar hacia el cuello.
Decidió seguir bajando, acariciando suavemente el pelo que cubría el musculoso cuello, deseando sentir la calidez o el latir del corazón ajeno. Tras unos minutos se apartó, suspirando. A menudo sentía que le gustaría conocer al lobo en persona.
Flotando, subió a su lomo, donde tuvo una mejor vista de la basta oscuridad que los rodeaba.
"¿Cuánto queda para que amanezca?" Preguntó, aburrido.
"No lo sé" Volk resopló. "Mi cuerpo está tan profundamente dormido, que no siento nada. Espero que el pelo planta ese esté cuidándome bien"
Nao no lo dudaba, por lo que no vio necesario responder.
"No creo que falte mucho" pensó para sí. Se pasó las manos por la cara al recordar que, a no ser que Axel hubiera conseguido cazar algo, armarían una carnicería nada más se despertaran. Llevaba tanto tiempo sin necesitar quedar inconsciente que se temía a sí mismo.
•••••
Axel dejo un par de conejos a un lado, sin despellejar, solo desangrándolos, preguntándose si prepararlos de alguna forma para comerlos más adelante, o dárselos directamente a Lid o Ellet.
Miró a Aeryn, con curiosidad, porque llevaba mucho raro callada.
Durante la noche del ataque del fugitivo y el día anterior, había estado más preocupado por prepararlo todo y atender a Nao, que prestándole atención a los dos jóvenes que se habían adueñado de su campamento, así que disimuladamente echó un ojo a la joven.
Aeryn era una mujer alta y bien formada, estaba seguro que bajo la moderna ropa se escondía un cuerpo fibroso y entrenado. Y también un montón de armas. Su larga melena rubia le llegaba por debajo de las nalgas, tenía las punta cada una mirando en una dirección, y todas teñidas de castaño claro. Calzaba pesadas botas de combate y usaba pantalones ajustados y, justo antes de acostarse, de su cintura colgaba el famoso cinturón multiusos, de la misma manera que en sus muslos habían estado acomodadas varias correas que guardaban más armas. El rostro de la chica era duro, y el par de tatuajes, en forma de reguero de lágrimas negras, que caía desde sus ojos azul marino, hasta el fin de las mejillas, acentuaba su expresión peligrosa.
A pesar de todo, Axel tuvo que reconocer que era hermosa. Era el tipo de mujer que con la que le gustaría compartir su vida. Quitándole todo ese especismo* del que hacía gala sin avergonzarse. Se dijo que si en algún momento se llegaba a enterar de lo que era él, pondría el grito en el cielo y probablemente trataría de matarlo. Sonrió para sí mismo, mientras se permitía observar esta vez al chiquillo.
De tez morena natural, a la luz de la hoguera parecía algo más pálido, su cabello moreno azabache resaltaba con sus flequillos pelirrojos, tenía el rostro fino y esquelético, al igual que el resto del cuerpo. Sabía que existían modas estúpidas en los Continentes superiores, donde lo "bello" era lo menos natural. Seguramente ese chico era víctima de alguna de esas modas. Y como fuera así, lo pasaría mal si quería seguir con Aeryn. Lo poco que había visto de su expresión era lo que Nao catalogaría como "ratoncillo de campo". Siempre alerta, siempre pendiente de tener escondrijos o rutas de escape por las que poder huir.
Encogiéndose de hombros, dio un golpecito a Ellet, quien no se quedaba quieta bajo su ropa. Coincidía con ella en que hacía frío, y por eso se había agenciado el hueco que quedaba entre la pata trasera del lobo y su vientre. Aunque nadie iba a reclamarla, de todas formas.
Harto de pasarse tanto tiempo en la misma posición preparándole el "desayuno" a Nao, se levantó y estiró. Pateó un poco el suelo antes de sentarse sobre el costado del lobo. Este suspiró profundamente cuando lo hizo. Y Aeryn le miró como si estuviera loco.
- Si le dieras una oportunidad a este - dijo señalando el cuerpo bajo el suyo - te llevarías una grata sorpresa sobre los licántropos. De verdad.
- ¿Qué te hace pensar que yo quiero darle una oportunidad a los hombre-lobo?
Axel se encogió de hombros.
- Podrías aprender mucho sobre ellos, ¿sabes? Y tengo la sensación de que tú eres una mujer a la que le gusta tener conocimiento - en ese momento, Axel sintió el corazón del lobo golpear contra sus piernas. Se le ocurrió algo, así que estiró una mano hacia ella -. Ven, déjame mostrarte algo.
Pero, obviamente, Aeryn no se acercó.
- Te prometo que no pasará nada. - insistió.
Axel esperó. Durante varios segundos, que rápidamente se convirtieron en minutos. Continuaba con el brazo extendido y se empezaba a cansar. Cuando estuvo a punto de suspirar y dejar caer de vuelta la mano a su sitio, Aeryn se incorporó y le aceptó.
"Que manos más suaves" pensó estúpidamente. Sonrío levemente para apartar aquellos pensamientos y tiró de ella hasta acercarla.
Ella frunció el ceño, ligeramente incómoda por su cercanía, y él, con cuidado y suavidad, llevó su mano hasta el costado de Volk, justo sobre el corazón que latía con fuerza y firmeza. Axel la miró por el rabillo del ojo, vigilando su reacción, preparado para apartarla a la mínima señal de peligro.
Aeryn al principio no entendía el porqué de aquello, hasta que se relajó y sintió el golpeteo rítmico bajo la palma de su mano. Eso la hizo darse cuenta que nunca había estado tan cerca de un licántropo transformado. No había tenido la oportunidad de acariciar la firme carne de uno de ellos, de comprobar realmente la fuerza escondida bajo toda aquella masa de músculos y piel. Ni de sentir el corazón golpeando la palma de su mano.
Sonaría estúpido, pero nunca se había dado cuenta de que aquellos animales REALMENTE estaban vivos.
Lentamente dejó escapar la respiración que sin darse cuenta estaba conteniendo, y fue entonces cuando Axel apartó la mano que tenía sobre la suya.
Se había formado un silencio solemne que ninguno tenía ganas de romper.
Aeryn estuvo un par de minutos más sintiendo el poder de ese corazón y el cuerpo caliente, la respiración pesada por el sueño, cuando tuvo suficiente, dio dos pasos hacia atrás, sin mirar a Axel.
De nuevo pasó el tiempo, mientras ella asimilaba aquello y Axel esperaba que lo hiciera.
Finalmente se giró hacia él, con una ligera mirada de culpabilidad y los labios suavemente apretados, como conteniendo las palabras que querían salir de ellos.
Como Axel era paciente, espero a que ella organizara sus ideas.
- ¿Y bien? - preguntó suavemente, tratando de animarla.
Pero ella era tan cabezota, o más, que un toro.
- Sólo por sentir su corazón no voy a cambiar de opinión- replicó, dándose la vuelta dignamente.
Axel negó divertido, y levantó la vista hacia el cielo. Entre las copas de los árboles, se veía que ligeramente empezaba a clarear, y aquello significaba que debía tener preparados los conejos.
No tenía ganas de romper el ambiente que se había formado, pero no le quedaba otra.
- Aeryn, por favor, mantente apartada. - dijo haciendo un avío con la mano, y sonriendo formalmente.
Ella lo miró extrañada durante un segundo, pero tras dirigir su mirada a la mole blanca, que había comenzado una rápida transgresión de lobo a humano, comprendió. Se giró hacia Skeith sin saber si despertarlo o no, para encontrárselo despierto, y mirando expectante.
Siguió el consejo del pelo verde y ordenó.
- No mires hasta que te lo indique. - recibió como respuesta un asentimiento rápido, a la vez que llegaban a sus oídos lo que trataban de sonar como calmantes palabras por parte de Axel, y gruñidos rabiosos.
•••••
Notas:
Los animales gregarios son aquellos que viven en comunidad.
Especismo: subestimar y/o despreciar la vida de aquellas especies que no pertenecen a la especie humana.

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