6/7/17

15. Miedo

Axel hablaba con voz suave, mientras estiraba la mano hacia uno de los conejos.
Nao aún estaba desorientado y gruñía por instinto. Lid, tras él, hacía ligeros ruiditos para tranquilizar a su compañero.
Estaba pegado a él y lo envolvía levemente con las patas, pasando el morro por su espalda, atrayendo la calma hacia el manojo de instintos salvajes que era ahora el licántropo.
Con un gesto lento, Axel movió el conejo delante de las narices de Nao. Este lo siguió con la mirada, sin moverse un milímetro, esperando, acechando.
Cuando el joven pelo verde tiró el cadáver al suelo, cerca de la mano del licántropo, este se abalanzó y lo agarro entre sus garras. De un movimiento, arrancó la cabeza, pero la desechó rápidamente, buscando algo más tierno.
Lid seguía con los arrumacos, esperando que Nao quisiera su presa, mientras el pelo plata desmembraba lo que, no hacía tanto, fue un vivaz conejo.
Una vez triturados los huesos, volvió a prestar atención a la cabeza desechada, aunque no parecía muy convencido.
Decidió sorber los ojos y aplastar el pequeño cráneo para tragarse el cerebro.
Luego miró al pelo verde, esperando más. Y él se lo concedió. Le lanzó otros dos conejos, que desaparecieron rápidamente en las profundidades de su estómago.
Axel estaba relativamente tranquilo, Nao estaba más enfocado en la comida que en Aeryn y Skeith, quienes más preocupaban al joven. Se giró para vigilar que ninguno hiciera un movimiento o ruido innecesario, sabía por experiencia que hasta que el licántropo no recuperase por completo la cordura, ninguno estaba a salvo. Ni siquiera él mismo.
Lo primero que vio, fue que Aeryn no le había hecho caso. Observaba con los ojos como platos la escena y, si no hacia ningún ruido, era claramente porque estaba en shock. Axel quiso levantarse y darle la vuelta para que no siguiera mirando, pero un movimiento en falso y todo se iría a la mierda.
Entonces ella le miró a él con expresión aterrada y la boca abierta por la impresión. Axel le hizo un gesto rápido con la mano, instándola a apartar la mirada. Pero Aeryn no obedecía. Por supuesto que no...
Skeith se removió entre los brazos de Aeryn, inquieto ante el nerviosismo de ella.
Consiguió asomar la cabeza, para ver de donde provenían aquellos desagradables sonidos que llevaba escuchando un rato. También quería saber qué había pasado con el enorme lobo blanco que había dormido con ellos.
Aeryn, al sentir que Skeith había conseguido librarse de su agarre, intentó abrazarlo de nuevo contra su pecho, pero fue demasiado tarde.
El chico gritó al ver la escena.
Y el licántropo levantó bruscamente la cabeza, con una una pata del conejo que había estado masticando, colgando entre sus dientes.
La joven se apresuró a taparle la boca al moreno, a quien se le saltaban un par de lágrimas por el miedo.
Axel gruñó, agachándose y preparándose para saltar sobre su amigo. Pero no hizo falta. Cuando miró a Nao a los ojos, supo que Metzili ya no tenia ninguna influencia sobre él.
- ¿Qué ha pasado? - preguntó, llevándose una mano a la cabeza, y tragándose el cacho de carne que le había estado colgando ese rato de entre los dientes.
- Que te has comido tres conejos - simplificó Axel -. Y que has recuperado la cordura justo a tiempo. Estabas a punto de comerte a Skeith. Nada nuevo - Axel se encogió de hombros, restándole importancia a todo aquello.
Skeith tembló ante aquella confirmación, mientras Nao miró a su alrededor.
- Aah - suspiró exasperado al ver a los dos humanos con expresiones de horror en el rostro. La de Skeith le dolió; por alguna extraña e ilógica razón, esperaba que el chico no se espantase al verle "en su máximo esplendor". Aunque era normal, teniendo en cuenta que era la primera vez que el pobre chaval veía un hombre-lobo. Y encima coincidía que aquella noche Metzili no le había dejado escapar. Magnífica suerte la suya.
•••••
Axel quería hacer de mediador entre una aterrada Aeryn y un Nao recién levantado, iban a viajar juntos unos días, y a la relación solo se le estaban sumando puntos negativos. Y ni siquiera había empezado.
- Es la misma criatura que tocaste antes - decidió abordar el tema sensible de hacía un rato -. Es el mismo corazón el que late ahora. No puedes juzgarlo solo por unas cuantas malas impresiones.
- ¿Unas cuantas malas impresiones? - susurró Aeryn en respuesta. Por los Espíritus, aún tenía trozos de carne masticada y restos de sangre en la barbilla y el pecho desnudo. Eso no era sólo una mala impresión.
Axel se giró hacia Nao, queriendo que al menos él entrará en razón, pero se lo encontró con la boca abierta.
- ¿Has dicho "tocaste"? - preguntó, con la voz una octava más aguda de lo normal -. ¿Me ha tocado mientras estaba inconsciente?
La cara de Axel era un poema. ¿Realmente era ese el mayor problema en ese momento? ¿Un par de caricias en su forma de lobo?
- Estabas inconsciente y era un buen momento para acabar con las malas relaciones. - trató de argumentar.
Nao se levantó, indignado y con gesto dramático.
- ¡Pero yo estaba sedado!
- Por supuesto que lo estabas. No te hubieras dejado de otra forma.
- Me siento violado - se quejó el licántropo, llevándose el dorso de la mano a la frente-. Me ha tocado un humano mientras estaba incapacitado para decir nada en contra. ¿Donde estaba Lid en ese momento para defenderme?
- Ella no me lo impidió en ningún momento.
Nao se volvió hacia la loba, dolido.
- ¡Tu! - gruñó, acusándola con un dedo - ¡Traidora!
Lid no entendía el significado de "traidora", tampoco porque estaba discutiendo Nao. Lo que si entendía es que él había ignorado por completo el corzo que le había cazado, después de un día entero.
Apartó la mirada con desprecio, con las orejas gachas y el labio levemente fruncido.
Nao se quedo boquiabierto.
"¿Y tú por qué te enfadas?" preguntó "No te estaría regañando si hubieses impedido la situación desde un principio."
La loba se levantó y cogió entre sus colmillos el corzo.
"Me llevo el corzo" dijo, indignada "Y no lo vas a probar" se dio la vuelta, con la cola bien alta, asegurándose de enseñarle el culo, antes de alejarse.
- ¡¿Y qué tiene que ver el corzo en todo esto?! ¡Lid! - el licántropo no lo entendía.
Todo había comenzado con una discusión sobre la humana invadiendo su espacio personal mientras estaba bajo el efecto de sedantes y ahora Lid se marchaba indignada con un corzo que no había visto nunca en la boca.
La situación se había salido de control y no tenía sentido alguno.
Nao continuaba mirando boquiabierto por donde la loba se había alejado.
Axel se cubría los ojos con una mano, y quién menos entendía todo aquello era Aeryn, mientras seguía abrazando a un tembloroso y traumatizado Skeith, tratando de encontrar la lógica.
Finalmente, Axel se puso serio, harto de todo aquello. Ordenó al licántropo que se quedara en el sitio, y fue hacia Aeryn. Ella no pudo retroceder, no sin soltar al chico que protegía entre sus brazos. Axel la agarró del brazo, con fuerza y la obligó a levantarse. Algo en su mirada la hizo obedecer, así que dejó a un asustado Skeith y se dejó llevar.
Axel se detuvo frente a Nao, antes de cogerla, esta vez, de la mano. Con una mirada advirtió al licántropo que no se moviera, mientras tiraba de la mano de Aeryn hacia su pecho. El licántropo no pudo contener un gruñidito, pero no enseñó los dientes. Aeryn sintió la cercanía del caliente cuerpo contrario, luchó un poco para apartarse, pero el agarre de Axel era como el metal y no sirvió de nada. Sin quererlo, sus ojos se cruzaron, Aeryn vio en la profundidad de los ojos plateados la misma desconfianza y miedo que ella sentía. Y aquello le sorprendió más que el haber sentido su corazón. Porque los hombre-lobo siempre miraban con odio a los humanos, nunca se hubiera imaginado que bajo aquella máscara, pudiera haber otra clase de sentimientos ocultos. Se sobresaltó al sentir la piel del contrario contra la suya, Axel apresaba su mano contra el pecho del licántropo. Sintió de nuevo el bombeo constante del corazón, pero esta vez se iba acelerando conforme pasaban los segundos. La respiración del otro se agitó, su pecho se movía rápidamente hacia arriba y hacia abajo, podía escucharlo jadear.
Las piernas de Nao no fueron capaces de sostenerlo mucho más y acabó sentado en el suelo, con las pupilas dilatadas y la boca entreabierta. 

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