6/7/17

16. La discusión

Estaban a algo más de un día del pueblo costero o aldea más cercano, y Aeryn ya se encontraba mentalmente agotada.
Axel iba por delante, dirigiendo el camino y balbuceando algo sobre lo lento que avanzaban y el retraso considerable que llevaban para abordar un barco y largarse del Continentes. Y algo sobre Skeith que no llegaba a entender porque no hablaba lo suficientemente alto.
Seguramente había sido ahí cuando decidió dejar de prestar atención y simplemente seguir avanzando en automático mientras ayudaba a Skeith a caminar.
Llevaba ya un rato recapitulando lo ocurrido en las últimas horas, tratando de mantener la mente ocupada en otras cosas y poder ignorar las constantes quejas de Axel y el peso extra de Skeith.
Poco después de despertar el licántropo y de la extraña "presentación", Heilen había aterrizado, sano y salvo, en medio del campamento, con el plumaje algo estropeado y jadeante.
El motivo de casi tres noches de ausencia, había sido para perseguir al fugitivo y su quimera. Y, a pesar de todo, no había podido averiguar mucho más que hacia donde se dirigía.
Según las investigaciones del caso, el sur del Continente Tierra no tenía nada de importancia o valor para la sociedad en la que trabajaban él y varios otros terroristas. Los templos de la zona, o habían sido destruidos, o ya habían sido deshabitados.
Encima el desgraciado no se había detenido para nada en el viaje, ni siquiera para tomarse un respiro o atender las heridas causadas por Aeryn. A la mitad del segundo día Heilen había decidido dar la vuelta y volver con su humana para informar. Por supuesto que las noticias no habían sido bien recibidas por la rubia, a quien la situación ya empezaba a frustrar. Deseaba de corazón que las heridas se le infectaran y muriera lo suficientemente cerca de alguna ciudad poblada para informar el fallecimiento de un fugitivo peligroso en estado de busca y captura. Así su misión acabaría y podría volver a casa de una maldita vez y dedicarse a otras cosas que no incluyeran extraños tíos de pelo verde que le obligaba a tocar el pecho de licántropos aleatorios. 
Y cuánto más lo pensaba, menos podía evitar arrepentirse y sentir la vergüenza de que se le hubiera escapado su primera presa importante de aquella manera, cuando prácticamente ya la tenía. Había fallado, y de la manera más absurda en la que podía fallar un caza-recompensas de una familia tan importante como la suya. Había fallado a sus padres, quienes le habían dado la mejor educación, quienes habían contratado a los mejores profesores en investigación, psicología y medicina para que su carrera como caza-recompensas tuviera el futuro más brillante. Y ahora, ahí estaba, pactando en clara desventaja con un par de armarios empotrados, ¿Podía ser peor?
Sacudió la cabeza para deshacerse de aquellos pensamientos pesimistas y volver al presente. Habían avanzado muy poco, ya que las heridas de Skeith retrasaba el ritmo de todos, a pesar de que el hombre-lobo las había curado antes de salir. Le había costado bastante aceptar que el licántropo había hecho un buen trabajo desinfectando y cubriendo las laceraciones con un cuidado y suavidad que nunca se hubiera imaginado de una criatura como aquella, desde luego que los licántropos que ella conocía no hubieran sido tan cuidadosos. Sujetó con fuerza a Skeith cuando tropezó, quejándose levemente.
Axel, sin girarse, gruñó. El chico le sacaba de quicio y mermaba lo que él consideraba una paciencia infinita.
- ¿Necesitas parar? – preguntó Aeryn en voz baja, ignorando al otro deliberadamente. El joven jadeaba del esfuerzo, a pesar de que no lo había hecho antes. Sin detenerse, se impulsó usando los brazos de la chica, mientras negaba con la cabeza.
Aeryn empezaba a sentir una cierta admiración hacia el moreno. Había estado esforzándose para seguirle el paso a ella primero, y ahora a los otros dos, que tenían un ritmo mil veces más ligero. Pero algo no iba bien. Sudaba y su mueca escondía algo más que cansancio. Le obligó a parar y al hacerlo, sus piernas cedieron, provocando que Aeryn perdiera el agarre sobre él. Fue Nao quien evitó que se estampara contra el suelo, atrapándolo instantes antes de que se estrellara.
- Tiene fiebre. Necesita descansar – dijo el licántropo serio, tras cargarlo en sus brazos y rozar la frente empapada en sudor del moreno, dirigiendo su vista directamente a Axel. Este le devolvió la mirada, impasible.
Si algo había aprendido Aeryn durante su etapa de entrenamiento en las distintas luchas y las prácticas, era que cuando dos tíos de ese tamaño se enfrentaban, lo mejor que podía pasar era que la discusión acabara en gritos, sin pasar a mayores. De repente tuvo la imperiosa necesidad de ser ella quién sujetara a Skeith, para que no estuviera en medio de la pelea que estaba a punto de empezar. Pero el licántropo lo envolvió más entre sus brazos, apretando el frágil cuerpo del contra el suyo. Skeith, quien había cerrado los ojos por la fiebre y el cansancio, y trataba de mantenerse inmóvil, gimoteó al sentir el apretón .
- Déjalo entre unos matojos y continuemos nuestro camino – Aeryn aún se encontraba planeando cómo liberar a Skeith de los brazos del hombre-lobo, cuando escuchó a Axel soltar aquello, como si nada. – Algún animal agradecerá tener la cena servida sin tener que esforzarse.
Aquello hizo que Nao gruñera furioso. Aeryn se quedó boquiabierta, se suponía que Axel era una persona algo más decente y no tan... cruel.
- Atrévete a repetirlo – siseó Nao entre dientes – Pero cómo lo hagas, vamos a tener un problema.
Aeryn estaba segura de que segundos antes el licántropo no era tan sumamente grande.
Cualquier otra persona con dos dedos de frente o quizá un mínimo de sentido común o, mejor aún, ambos, hubiera retrocedido enseguida ante la imagen del enorme hombre-lobo. Pero Axel no era ningún cualquiera, conocía a Nao desde mucho antes que cualquier otro, por lo que su imponente figura no le impresionaban en lo más mínimo, por mucho musculito que sacara, aunque le amenazara con gruñidos y mostrara sus enormes colmillos.
- Como no me has entendido, lo repetiré – dijo con un peligroso tono de voz – Deja al puto crío. Abandónalo. En el mejor de los casos la caza-recompensas se quedará con él. Pero estoy seguro que en el fondo sabe que es una carga. Igual que tú. Si no quieres que sufra rómpele el cuello. – Axel había ido acercando sus rostros conforme hablaba y en ese momento se encontraba a milímetros de rozar la punta de la nariz de Nao con la suya. Siempre acababan discutiendo por lo mismo, el afán de Nao por ayudar animalillos indefensos. En ese caso, chiquillos inconscientes.
El licántropo expulsó el aire por la nariz, como un toro a punto de embestir. Apretaba los labios, formando una delgada línea, y atraía el cuerpo de Skeith al suyo. Miraba con odio a Axel, aunque a él parecía no importarle.
Aeryn nunca se imaginó que acabara poniéndose de parte de un hombre-lobo, pero no pensaba abandonar a Skeith a su suerte. Y para cuidarlo necesitaría ayuda, porque a pesar de su arsenal, no guardaba tanto material médico en los compartimentos mágicos de su corsé. Lentamente se colocó junto al licántropo, queriendo enfrentarse a Axel, pero algo en la postura y sobre todo en sus ojos del pelo verde, hacía que las rodillas le temblaran. Cuando dirigió una rápida mirada al rostro del hombre-lobo, vio como este también temblaba, pero de furia contenida, como si estuviera tratando de no arrearle un guantazo. O arrancarle la cabeza como al conejo de aquella mañana.
- Seguimos retrasándonos por su culpa. Ya le has ayudado bastante, Nao – Axel señaló el cuerpecillo tembloroso -. ¿Quieres ayudarle? Remátalo y déjaselo a los carroñeros. Va a morir de todas formas.
Aeryn chilló, horrorizada. Axel le dedicó una mirada impasible antes de volver a prestar atención a Nao.
- Estoy harto de ir tan lento, y estoy seguro de que tú también. Si fuéramos solos ya estaríamos en un barco camino al Continente Fuego.
- Siento recordarte que fuiste TÚ el que accedió a viajar con ellos y que YO no quería saber nada – siseó el licántropo como respuesta -. Así que apechuga con tus decisiones – levantó un poco a Skeith para hacer notar su presencia -. El chico se queda.
El que gruñó ahora fue Axel, quien ya estaba empezando a superar sus límites. Quiso clavarle el dedo en el pecho a Nao, para recriminarle, pero su enfado aumentó cuando él se movió ligeramente para evitar que se rozara al chico.


- Deshazte de él. Ahora. - su tono no admitía réplica.

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